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Anthony Joshua, el gigante que sobrevivió a todo: de niño perdido a campeón que aún busca su último regreso

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Anthony Joshua vuelve el 25 de julio contra Kristian Prenga, pero esa pelea no explica por sí sola el peso de su nombre. Es apenas una fecha más en una vida que siempre ha parecido avanzar entre dos extremos: la promesa y el abismo, la gloria y la reconstrucción. No es solo el regreso de un excampeón mundial. Es el regreso de un hombre que ha tenido que aprender a levantarse de formas muy distintas. 

Joshua nació en Watford el 15 de octubre de 1989, hijo de padres nigerianos, Yeta y Robert. Pasó parte de su infancia en Nigeria, en el Mayflower School de Ikenne, y regresó a Inglaterra tras la separación de sus padres. En Garston, en el Meriden Estate, no era todavía “AJ”. Era Femi.

Anthony Joshua, el gigante que sobrevivió a todo: de niño perdido a campeón que aún busca su último regreso

Anthony Joshua vs PrengaMatchroom Boxing

Su entrada al boxeo llegó tarde. No fue un niño prodigio con guantes desde la cuna. Empezó a los 18 años, empujado por su primo Ben Ileyemi, en el Finchley ABC. Antes hubo otros caminos, otras compañías y problemas que pudieron desviarlo para siempre. El boxeo le dio una estructura. Ese giro fue brutal. En pocos años pasó de recién llegado a campeón nacional amateur, miembro del equipo británico y medallista mundial. En 2011 ganó la plata en el Mundial de Bakú. En 2012, en Londres, conquistó el oro olímpico del peso superpesado. El país encontró un rostro nuevo.

El profesionalismo lo convirtió en fenómeno. Joshua debutó en 2013 y fue quemando etapas con una velocidad poco habitual. En 2016 derrotó a Charles Martin y ganó el título mundial IBF. Un año después, en Wembley, venció a Wladimir Klitschko en una de las grandes noches modernas del peso pesado. Aquella pelea cambió su dimensión. Joshua no solo era campeón. Era una industria, una figura global, un deportista capaz de llenar estadios y vender la idea de que el peso pesado británico tenía un centro propio. Después añadió cinturones, nombres y noches enormes. Joseph Parker, Alexander Povetkin, Andy Ruiz Jr., Oleksandr Usyk, Daniel Dubois.

Pero su carrera nunca fue lineal. Ruiz le rompió el invicto en 2019 en Nueva York, en una de las grandes sorpresas recientes del boxeo. Joshua recuperó los títulos seis meses después en Arabia Saudí, con una versión más cerebral. Usyk le quitó después el trono dos veces y Dubois lo noqueó en Wembley en 2024. Cada caída dejó una pregunta distinta. Con Ruiz fue la fragilidad. Con Usyk, los límites técnicos. Con Dubois, el desgaste y la sensación de final de ciclo. Joshua respondió con cambios de entrenador, pausas, reconstrucciones y victorias para no desaparecer de la conversación. Nunca volvió a ser invulnerable, pero tampoco se fue.

En diciembre de 2025, la historia dejó de ser únicamente deportiva. Joshua sufrió un accidente de tráfico en Nigeria, en la autopista Lagos-Ibadan. Murieron dos personas muy cercanas a él, Sina Ghami y Latif “Latz” Ayodele, miembros de su círculo íntimo. Él sobrevivió con lesiones menores. Ese golpe colocó su regreso en otro lugar. Ya no se trataba solo de pelear por títulos, dinero o legado. En su reaparición pública, Joshua explicó cómo estaba gestionando el dolor: “No hago que esto vaya sobre mí; hago que vaya sobre ellos, sobre sus madres y sus padres”.

Por eso Prenga es una percha, no el argumento principal. El albanés llega con un récord intimidante, 20 victorias, 20 nocauts y una derrota, y el combate está fijado para el 25 de julio en Riad. Pero la verdadera pregunta no está solo en el rival. Está en Joshua. A los 36 años, con 29 victorias, cuatro derrotas y 26 nocauts, Anthony Joshua ya no pelea contra la etiqueta de promesa. Tampoco contra la necesidad de demostrar que puede ser campeón. Eso ya lo hizo. Pelea contra el tiempo, contra su propio pasado y contra la exigencia de encontrar sentido al último tramo.

Su historia es la de un chico que llegó tarde al boxeo y aun así alcanzó la cima olímpica y profesional. La de un campeón que se hizo multimillonario sin dejar de volver al gimnasio que lo formó. La de un gigante que cayó más de una vez y descubrió que la grandeza también se mide después del golpe. El 25 de julio no se presenta solo Anthony Joshua. Se presenta todo lo que ha sido: el niño de Watford, el adolescente en riesgo, el oro de Londres, el campeón de Wembley, el hombre derrotado, el superviviente de Nigeria y el boxeador que todavía cree que le queda un regreso más.

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