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Claressa Shields había pasado sus cuatro últimos combates compitiendo como peso pesado. Su cuerpo se había acostumbrado a otra realidad y regresar a las 160 libras exigía mucho más que cambiar simplemente el número de la báscula. La estadounidense asumió el reto y llegó al ring con una incógnita evidente. La respuesta apareció desde los primeros asaltos.
Shields conservaba su velocidad, encontraba el objetivo con precisión y podía trabajar tanto desde fuera como cuando Kaye Scott intentaba cerrar la distancia. La australiana aceptó los intercambios y resistió, pero el castigo fue acumulándose con el paso de los minutos. Shields terminó derrotando a Scott por TKO a los 1:38 del sexto asalto para recuperar los campeonatos WBC y WBA del peso medio. La estadounidense elevó su récord profesional a 19-0, con cuatro KO, y volvió a coronarse en una división donde anteriormente había sido campeona indiscutida.

El desenlace llegó después de cinco asaltos de control de Shields. Scott no había sido derribada, pero los golpes al cuerpo y la cabeza comenzaban a acumularse. La estadounidense había encontrado continuamente el objetivo y una considerable inflamación en la frente de la australiana reflejaba el castigo recibido. En el sexto llegó finalmente el impacto que rompió la resistencia de Scott. Shields conectó un potente gancho de izquierda que hizo retroceder a su rival contra las cuerdas. El árbitro Joel Scobie inició la cuenta y permitió continuar a la australiana, pero la pelea apenas duraría unos segundos más.
Shields fue inmediatamente a buscar la finalización. Con Scott todavía afectada, volvió a conectar hasta que la esquina de la australiana decidió detener el combate arrojando la toalla. La campeona estadounidense consiguió así algo que había buscado especialmente: terminar una pelea antes de escuchar las tarjetas. El KO tenía además un significado particular. Shields había conseguido solamente una victoria antes del límite en los nueve años anteriores. Su dominio durante ese periodo había sido indiscutible, pero construido fundamentalmente a través de decisiones. Frente a Scott pudo volver a celebrar una finalización.
El rendimiento adquiere otra dimensión por el proceso que tuvo que completar para regresar al peso medio. “Este fue un campamento realmente duro”, reconoció Shields después del combate. “Bajé 17 kilos. Es lo más disciplinada que he estado desde los Juegos Olímpicos”. Shields llevaba sin competir en las 160 libras desde 2023. Posteriormente continuó subiendo hasta convertirse en campeona indiscutida del peso pesado. Su regreso obligó a recorrer ahora el camino contrario y la propia estadounidense reconoció que esa transformación condicionó la manera en la que planteó los primeros asaltos.
“En realidad estaba intentando descifrarla”, explicó Shields. “Era más fuerte de lo que pensaba. Era muy fuerte y sabía que, con todo el peso que había bajado, no quería gastar demasiada energía demasiado pronto”. La estadounidense optó por construir progresivamente su ventaja antes de acelerar. “No quería que me sorprendiera con nada porque no soy tan fuerte como cuando estoy en las 175 libras”, añadió. Scott intentó aprovechar precisamente el cuerpo a cuerpo para convertir la pelea en un intercambio más físico, pero Shields fue encontrando respuestas tanto desde corta como desde larga distancia.
La australiana llegaba como campeona WBC y WBA después de haber conquistado ambos cinturones frente a Olivia Curry por decisión mayoritaria. A sus 42 años afrontaba su primera defensa y trató de responder al ritmo de Shields, aunque la diferencia de velocidad y precisión terminó inclinando progresivamente el combate.
Para Shields, la victoria supone ampliar todavía más una trayectoria construida entre diferentes categorías. Ya había sido campeona indiscutida del peso medio antes de conquistar también todos los cinturones principales del superwélter y del peso pesado, convirtiéndose en la primera mujer campeona indiscutida en tres divisiones. Ahora vuelve a tener dos cinturones en las 160 libras, que suman sus títulos vigésimo y vigesimoprimero, sin abandonar su condición de campeona indiscutida del peso pesado. Y después de resolver su regreso al peso medio, aparece en el horizonte otro enfrentamiento de enorme dimensión frente a Lauren Price, también campeona mundial y medallista de oro olímpica.
Price, invicta como profesional, ha mostrado su disposición a subir desde el peso wélter hasta las 160 libras para enfrentarse a Shields. Ambas incluso protagonizaron anteriormente un cara a cara sobre el ring. Todavía no hay contratos firmados, pero el posible combate vuelve a cobrar fuerza después de la victoria de Shields. Primero había que comprobar cómo respondería después de casi veinte kilos. Shields terminó ofreciendo una respuesta contundente: seis asaltos, un derribo y una finalización para recuperar dos campeonatos mundiales. Tres años después de abandonar el peso medio, la estadounidense ha regresado directamente a lo más alto.
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