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El primer cara a cara entre Derek Chisora y Deontay Wilder dejó una imagen poco habitual en el peso pesado. Sin empujones, sin insultos y sin tensión aparente. Dos veteranos frente a frente, conscientes del momento que atraviesan sus carreras y del significado real de la pelea que les espera.
El combate se celebrará el 4 de abril en el O2 Arena de Londres y tendrá un simbolismo evidente: será el combate número 50 para ambos, motivo por el que el evento ha sido bautizado como “100”. Una cifra redonda que llega en la recta final de dos trayectorias extensas.
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Chisora, de 42 años, atraviesa uno de los mejores tramos recientes de su carrera. Encadena tres victorias consecutivas, su racha más larga en una década, y aspira a cerrar el círculo ante su público. El británico no confirmó de forma tajante su retirada, pero desde la promoción se apunta a que este combate está concebido como su despedida. Lejos de la versión explosiva que protagonizó episodios polémicos en el pasado, el Chisora actual proyecta otra imagen. Durante el careo apenas hubo provocaciones. Su única queja fue el frío de Nueva York, donde ambos coincidieron días antes de la presentación oficial.
El británico explica ese cambio desde la experiencia. Considera que, después de medio centenar de peleas, no necesita recurrir al ruido para vender un combate. El público sabe lo que ofrece cuando sube al ring. También ha cambiado su escala de prioridades. “Mi mayor objetivo ahora es llevar a mis hijas al altar cuando se casen. Ese es el objetivo más grande”, aseguró, en referencia a sus dos hijas. El boxeo sigue presente, pero el horizonte personal es otro.
Pese al tono calmado, Chisora no pierde de vista el riesgo que supone Wilder. Lo define como uno de los mayores noqueadores de la historia reciente y recuerda que su apodo, “Bomb Squad”, no es casual. Para explicarlo recurrió a una comparación directa: enfrentarse a él es como encontrarse con una serpiente venenosa; basta un error para que todo termine.
El británico ha desarrollado gran parte de su carrera en casa y cree que el ambiente del O2 puede marcar diferencias. Allí, dice, los aficionados “golpean contigo cuando golpeas”, un contraste con el público estadounidense, al que percibe más observador. Su trayectoria le ha permitido medirse a varias generaciones del peso pesado, desde Vitali Klitschko hasta Tyson Fury, pasando por el actual campeón Oleksandr Usyk. Y mira al futuro del boxeo británico con optimismo, convencido de que la nueva hornada mantendrá el nivel competitivo del país.
Enfrente estará un Wilder que también llega en un punto de inflexión. El estadounidense, de 40 años, reconoce abiertamente la importancia del combate. “Necesito esta pelea. Necesito a Derek más de lo que él me necesita a mí. Tengo que ver dónde estoy”, afirmó. El excampeón WBC asegura sentirse reconstruido tras los últimos golpes de su carrera. Dice haber sido “derribado y vuelto a construir” y encara el desafío con un ánimo renovado. Sin embargo, no oculta la exigencia del momento: lo considera una pelea obligatoria de ganar.
No solo eso. Wilder insiste en que necesita una victoria contundente. Un nocaut. Es el desenlace que entiende que esperan los aficionados y el que podría devolverle a la conversación de la élite. Su récord, 44-4-1 con 43 nocauts, sigue reflejando un poder de pegada diferencial. Y, más allá de este combate, mantiene la ambición de enfrentarse a Oleksandr Usyk antes de que termine el año.
La promoción ha transcurrido en un clima de respeto mutuo. Chisora bromeó al ser preguntado por la ausencia de mala sangre: “Creo que es porque somos mayores. ¿Te imaginas a dos hombres adultos peleándose en el suelo?”. Ambos coinciden en que prefieren vender la pelea desde otro lugar, alejados de la violencia verbal. Eso no implica falta de competitividad. Wilder considera que el estilo de su rival encaja con el suyo y anticipa un combate sin marcha atrás. Dos peleadores que avanzan, que intercambian y que rara vez especulan.
Los promotores comparten esa lectura. Ven el cruce como una pelea que debía ocurrir antes de que esta generación se apagara definitivamente. Una de esas citas que, por estilos, parece destinada a ofrecer acción desde el primer asalto. La velada también marcará el lanzamiento de MF Pro, la nueva estructura promocional liderada por Kalle Sauerland y Amer Abdallah, que trabaja junto a Queensberry Promotions para organizar el evento. La previsión es colgar el cartel de entradas agotadas.
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