
Jack Catterall lleva demasiado tiempo esperando oportunidades como para aceptar que otra vuelva a escaparse. El británico ya conoce lo que significa hacerse a un lado, aguardar durante años y terminar una noche decisiva con la sensación de que todo el sacrificio realizado no ha servido para alcanzar aquello que perseguía. Esta vez no quiere repetir la historia. Catterall conquistó el campeonato WBA del peso wélter derrotando a Shakhram Giyasov y observó después desde una posición privilegiada cómo el cinturón principal de la organización cambiaba de manos.
Ahora considera que ha llegado el momento de resolver una situación que lleva meses pendiente. Catterall reclama enfrentarse a Teofimo Lopez después de que el estadounidense derrotara a Rolando ‘Rolly’ Romero y conquistara el campeonato WBA del peso wélter. El británico recuerda el compromiso adquirido previamente por la organización y ya había advertido que no aceptaría dinero para renunciar a su oportunidad.
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“No hay ni un dólar que pueda convencerme para hacerme a un lado y permitir que se produzca una unificación. Estoy aquí para pelear”, aseguró Catterall antes del Romero-Lopez. Su postura adquiere ahora una dimensión diferente después de que Teofimo saliera de Las Vegas con el campeonato en su poder. Lopez derrotó a Romero por decisión mayoritaria después de doce asaltos en el T-Mobile Arena. Dos jueces puntuaron el combate 116-112 y 115-113 para el estadounidense, mientras el tercero entregó un 114-114. El resultado convirtió a Teofimo en campeón mundial de tres categorías diferentes.
Pero junto al cinturón también heredó una situación pendiente dentro de la WBA. Cuando el organismo elevó a Romero a la condición de supercampeón en mayo, autorizó a Catterall y Giyasov a disputar el campeonato mundial vacante y estableció una obligación concreta para el ganador de aquella pelea. La resolución de la WBA indicaba que Romero debía enfrentarse al vencedor del Catterall-Giyasov en un periodo máximo de 180 días desde aquel combate. Catterall cumplió su parte derrotando al uzbeko y ahora espera que el cambio de campeón no altere el camino que debía conducirle hasta el cinturón principal.
La situación, sin embargo, todavía necesita una resolución definitiva del organismo después de la victoria de Lopez. La WBA no ha anunciado públicamente un periodo de negociación entre Teofimo y Catterall tras el combate de Las Vegas, por lo que el británico continúa esperando que su posición se traduzca en una orden formal. No es un detalle menor para alguien con su pasado. Catterall ya aceptó apartarse cuando era aspirante obligatorio WBO del superligero para permitir que José Ramírez y Josh Taylor unificaran los cuatro grandes campeonatos de la categoría. Su oportunidad terminó llegando mucho más tarde de lo esperado.
Catterall se enfrentó finalmente a Taylor en febrero de 2022 y lo derribó en el octavo asalto, pero perdió por decisión dividida en uno de los veredictos más controvertidos de los últimos años en el boxeo británico. Tardaría más de dos años en conseguir la revancha y entonces sí derrotó al escocés. Aquella experiencia ayuda a explicar por qué ahora no contempla repetir el mismo movimiento. A sus 32 años y después de haber reconstruido su carrera hasta alcanzar una nueva posición mundialista en el peso wélter, Catterall quiere convertir esa oportunidad en una pelea contra el hombre que ocupa el escalón superior.
Para Lopez, el panorama resulta bastante más amplio. Su victoria ante Romero le permitió conquistar un campeonato en una tercera división después de haber sido campeón mundial del peso ligero y superligero. También le coloca en una categoría cargada de nombres con los que pueden construirse enfrentamientos de enorme dimensión. Devin Haney posee el cinturón WBO, Liam Paro el IBF y Ryan Garcia tiene el WBC, que defenderá ante Conor Benn. Lopez puede mirar hacia cualquiera de esas direcciones en busca de una unificación, pero la posición de Catterall amenaza con interponerse antes en sus planes.
Ahí reside ahora el conflicto. Catterall tiene un cinturón WBA y una resolución previa que situaba al ganador de su pelea con Giyasov en el camino del supercampeón. Lopez acaba de llegar a las 147 libras y ya mira hacia algunas de las peleas más importantes que puede ofrecer la división. La próxima decisión corresponde a la WBA. Hasta que exista una orden específica tras el cambio de campeón, Catterall puede reclamar la oportunidad que considera ganada, pero no puede dar por cerrado el combate. Lo único que ya ha dejado claro es que, esta vez, no piensa cobrar por esperar.
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