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El ambiente en el Tottenham Hotspur Stadium no era el de una simple velada. Era el regreso de una figura que nunca pasa desapercibida. Tras más de un año alejado del ring, Tyson Fury volvía a escena rodeado de dudas, ruido y expectativas. Había quien pensaba que no regresaría. Otros, que ya no sería el mismo. Pero el británico siempre ha vivido cómodo en ese territorio. Entre la incertidumbre y el espectáculo.
El desenlace fue claro. Fury dominó por decisión unánime a Arslanbek Makhmudov tras doce asaltos y, acto seguido, lanzó el mensaje que lo cambia todo: quiere a Anthony Joshua en 2026. Las cartulinas fueron contuendentes: 120-108, 120-108 y 119-109. No hubo debate en las puntuaciones. Sí lo hubo, en cambio, en las sensaciones que dejó el combate.
Richard Pelham/Getty Images for Netflix
Fury no fue la mejor versión de sí mismo, pero mostró suficiente control para imponer su ritmo. Supo apagar el arranque agresivo de Makhmudov y, a partir de ahí, construyó una pelea a su medida. Con el paso de los asaltos, el ruso fue perdiendo presencia. El inicio tuvo tensión. Makhmudov salió decidido, presionando con su jab al pecho y buscando la derecha por encima. Durante el primer asalto logró incomodar a Fury, que optó por desplazarse y cambiar de guardia para evitar los impactos más peligrosos.
Pero el guion cambió pronto. En el segundo round, el británico empezó a leer mejor las entradas de su rival. Encontró el timing y comenzó a castigar en transición. Desde ese momento, el combate se inclinó de forma progresiva hacia su esquina. A medida que avanzaban los asaltos, Fury fue creciendo. Alternó guardias, controló la distancia y empezó a trabajar con el jab de manera constante. Makhmudov, conocido por su poder en los primeros rounds, fue perdiendo energía y claridad.
El séptimo marcó un punto de inflexión. Aunque recibió una derecha, Fury respondió con combinaciones claras y ganó confianza. En el noveno, un uppercut de izquierda hizo volar el protector bucal del ruso. El castigo ya era evidente. En los últimos rounds, el combate estaba decidido. Fury manejó los tiempos, cerró espacios y terminó el trabajo sin asumir riesgos innecesarios. El público empezó a abandonar sus asientos antes del final. Sabían que todo estaba resuelto.
Tras la pelea, el británico no dudó. “Quería quitarme a Makhmudov de en medio, pero ahora quiero daros la pelea que lleváis esperando. Te quiero a ti, AJ, Anthony Joshua. Vamos a darle a la gente lo que quiere: la batalla británica”, declaró sobre el ring.
El mensaje fue directo. También medido. Fury sabe que ese combate lleva más de una década gestándose. “Llevamos diez años esperando. Vamos a bailar”, añadió, dejando claro que el siguiente paso está marcado.
El contexto hace el resto. Fury venía de dos derrotas ante Oleksandr Usyk en 2024, resultados que le llevaron a anunciar su retirada. Era la quinta vez que lo hacía. Y, como en otras ocasiones, volvió. Su regreso tuvo carga emocional. Rindió homenaje a Ricky Hatton, con quien mantenía una relación cercana. Salió al ring con referencias al ex campeón y acompañado de su música. Fue un detalle que marcó la noche.
Más allá del espectáculo, el combate deja una conclusión clara: Fury sigue siendo competitivo. No arrasó, pero controló. No brilló de forma constante, pero impuso su experiencia. Y eso, en el peso pesado, sigue siendo suficiente para aspirar a todo. Ahora, el foco apunta a Joshua. Presente en ringside, grabando el combate con su teléfono, el británico fue testigo directo del mensaje. Si las negociaciones avanzan, 2026 podría ofrecer uno de los combates más esperados de la era moderna.
Richard Pelham/Getty Images for Netflix
En la coestelar, Conor Benn se impuso por decisión unánime a Regis Prograis tras diez asaltos en un combate pactado en 150 libras. Las tres cartulinas reflejaron un idéntico 98-92 a favor del británico.
El resultado acerca a Benn a una posible oportunidad ante el campeón WBC del peso wélter, Ryan Garcia, pero su actuación dejó dudas. Dominó por momentos, especialmente al cuerpo, pero no logró imponer la superioridad esperada.
Prograis, veterano y resistente, complicó el guion. A pesar de mostrar problemas físicos desde el inicio, resistió el castigo y llevó la pelea hasta el final. Benn ganó, pero no convenció. Y en este nivel, eso también cuenta. Por su parte, el estadounidense anunció su retirada del boxeo tras el pleito.
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