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La influencia de Zidane en la Juventus y el Real Madrid tras un fichaje récord

FIFA

Zinedine Zidane no solo fue uno de los futbolistas más talentosos de su generación, sino también un jugador que marcó una época en dos clubes históricos, Juventus FC y Real Madrid C. F., que el próximo martes se verán las caras en los octavos de final del Mundial de Clubes FIFA 2025. Su estilo, su personalidad y su influencia en vestuario y campo siguen vivos más de dos décadas después de aquel fichaje récord que sacudió el fútbol europeo en 2001.

Zidane llegó a la Juventus en 1996 procedente del Girondins de Burdeos, cuando la Vecchia Signora buscaba consolidarse como potencia europea tras la salida de Roberto Baggio. Bajo las órdenes de Marcello Lippi, Zizou tardó poco en demostrar que tenía algo diferente: control exquisito, visión, una zurda con seda y una calma que contagiaba a un equipo hecho para competirlo todo. En Turín ganó dos Serie A (1996/97 y 1997/98), una Supercopa de Italia, una Supercopa de Europa y una Intercontinental, además de ser pieza clave en dos finales consecutivas de Champions (1997 y 1998), aunque ambas acabaron en derrota.

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“Con Zizou sabías que en cualquier momento podía inventar algo que cambiara un partido”, recordaba Alessandro Del Piero hace unos años en un directo de Instagram en el que repasaba su trayectoria. El propio Del Piero, su socio de ataque, destacaba siempre su serenidad: “Era un líder silencioso. No necesitaba gritar. Jugaba, y todos entendíamos lo que teníamos que hacer”.

En cinco temporadas en Turín, Zidane disputó 212 partidos oficiales, marcó 31 goles y repartió infinidad de asistencias que no siempre figuran en las estadísticas. Para muchos, aquel paso por la Juventus terminó de pulir a un jugador que ya había ganado la Eurocopa Sub-21 con Francia y que, poco después, sería Balón de Oro en 1998 tras conquistar el Mundial con su selección. El impacto de Zidane en la Juve fue doble: futbolístico y simbólico. Era el emblema de una forma de entender el juego: toque, paciencia y un talento capaz de desbloquear defensas italianas cerradas como cajas fuertes. Sin embargo, en 2001 la historia dio un vuelco que cambiaría no solo su carrera, sino la de todo el Real Madrid.

Ese verano, Florentino Pérez, recién reelegido presidente, decidió apuntalar su proyecto galáctico con una operación que batió todos los récords: 77,5 millones de euros -una cifra histórica entonces- para fichar a Zidane y sumarlo a Figo, Raúl y compañía. Fue la transferencia más cara del fútbol mundial hasta ese momento, un movimiento que transformó la manera de entender los fichajes estrella y consolidó la imagen del Madrid como un club dispuesto a unir marketing y talento sin límites.

En Madrid, Zidane tardó poco en justificar cada euro invertido. Llegó para aportar elegancia a un vestuario repleto de figuras, pero también para dejar una imagen para la eternidad: su volea de zurda en la final de Glasgow de 2002 ante el Bayer Leverkusen, uno de los goles más icónicos de la historia de la Champions. Aquel tanto, a pase de Roberto Carlos, dio al Madrid su novena Copa de Europa. En sus cinco temporadas como madridista, el francés disputó 227 partidos, marcó 49 goles y, sobre todo, regaló a la afición noches de fútbol puro, con controles imposibles y asistencias que elevaban a los galácticos a otra dimensión.

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Una leyenda del fútbol como Alfredo Di Stéfano llegó a decir lo siguiente sobre él: “Domina el balón, es un espectáculo andante y juega como si llevara guantes de seda en cada pie. Hace que merezca la pena ir al estadio; es uno de los mejores que he visto en mi vida.”

El impacto de Zidane fue tan profundo que su legado no se detuvo con su retirada en 2006. Volvió como embajador, asesor, entrenador del Castilla y, finalmente, como técnico del primer equipo. En los banquillos siguió agrandando su leyenda, ganando tres Champions consecutivas (2016, 2017 y 2018) y demostrando que su capacidad para entender este deporte iba mucho más allá del césped.

Hoy, cuando se recuerdan los grandes fichajes de la historia, el de Zidane en 2001 sigue estando en lo más alto. No solo por la cifra, que revolucionó el mercado, sino por lo que significó para la Juventus -que supo reinvertir aquel dinero para seguir siendo competitiva- y, sobre todo, para un Real Madrid que se reinvenó a partir de su clase. Más de dos décadas después, la figura de Zizou sigue viva: como mito, como símbolo de una generación y como recordatorio de que, a veces, la elegancia también conquista títulos.


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