"Creo que lo voy a mejorar (al equipo). El hecho de tener un jugador que se movía por donde quería, implica tener situaciones de juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas. Sin excepción".
Lo dijo con cierto tono irónico pero la frase da contexto a las ambiciones de Luis Enrique como entrenador, una mente perfecta que busca otorgarle a los jugadores la mayor cantidad de herramientas para que su rendimiento sea lo más alto posible. Se refería a la salida de Kylian Mbappé del PSG, justo antes de empezar esta temporada, en un documental sobre su día a día que dio la vuelta al mundo y se llamó “No tenéis ni **** idea”.
Como si hubiera sido profecía, el entrenador cumplió. El PSG, eterno aspirante a ganar la Champions League, logró el título tras una actuación perfecta, contra el Inter de Milán. Pero, más allá del resultado, el equipo francés se volvió un equipo con todas las facetas que el español había anticipado un año atrás. Sin una gran estrella, el equipo logró un funcionamiento que lo pone como un aspirante a todo lo que se enfrente, especialmente el Mundial de Clubes 2025, donde se medirá ante el Inter de Miami por los octavos de final.
El equipo francés juega con el balón como principal aliado. Siempre inicia, siempre se mueve, siempre encuentra espacios y jugadores libres, guiado por una plantilla de mucha calidad técnica y una serie de movimientos que combinan la improvisación con la automatización. Vitinha, el volante central, suele aparecer de interno. Fabián, el interno, se ubica entre los centrales para mover el balón. Hakimi, el lateral derecho, va de afuera hacia adentro para generar superioridad. Los de arriba aparecen por todos lados y provocan distracciones permanentes.
“Lo que trato de hacer como entrenador es, de manera global y de manera individual, hacer mejor a nuestros jugadores. Me gusta controlar, lo que se puede controlar en el fútbol. No dejamos de investigar nuevas maneras de jugar y de mejorar a nuestro equipo. Ese es el objetivo que me motiva como entrenador, el objetivo que me motiva cada día. Sacar a los jugadores de su zona de confort, para intentar explorar nuevos caminos”, dijo a FIFA.com el entrenador, de 55 años.
Pero el de Luis Enrique de hoy no es el mismo que hace diez años y los jugadores que le tocó gestionar tampoco. En el 2014, cuando estaba a cargo del Barcelona, el uruguayo Luis Suárez era contratado desde el Liverpool y se sumaba a una dupla que ya era explosiva: Neymar y Lionel Messi. Con ese contexto, la idea del control de todas las situaciones, como referenció alguna vez el español, quedó de lado.
Como este PSG, el Barcelona de Luis Enrique priorizaba el balón y le daba continuidad a la filosofía de Guardiola, pero con varios matices. Aunque con Sergio Busquets y Andrés Iniesta lograba un evidente dominio en la posesión, con Ivan Rakitic sumaba más vértigo y llegada a espacios vacíos, además de compensación para un tipo de presión ofensiva que seguramente no era tan intensa como la que Luis Enrique hubiera deseado. Por eso, el equipo que ganaría la Champions League en 2015 era un poco menos ortodoxo que el que unos años antes lo había ganado todo con el ahora entrenador del Manchester City. Y parte de esa receta se debe al trío de ataque: con Neymar, Suárez y Messi, muchas veces el equipo se relajaba en la explosión final o la inspiración individual de ellos. Y la generación, si era necesario, quedaba para menos momentos.
Messi, que en el equipo del 2011 hacía de falso 9, con Pedro y Villa por los costados, ahora tomaba un rol más 'libre' que partía desde la derecha hacia adentro, con Suárez fijado en los centrales y Neymar que partía desde la izquierda hacia el centro.
Con algo más de vértigo y menos posesión, el equipo fue dominante. Pero, más allá de la cuestión técnico-táctica, Luis Enrique siempre destacó la parte moral del trío, la idea de que tres grandes súper estrellas hayan dejado atrás los egos para fusionarse. "La grandeza de este tridente es la capacidad que tuvieron para poner por delante el interés del equipo al individual, esa es la grandeza", dijo en una entrevista al canal de YouTube del Barcelona.
Y agregó: "Reunir a tres jugadores de ese nivel técnico individual y que generen tanto, tengan esa solidaridad y hagan que el equipo registre esos números no creo que se haya dado en la historia reciente del fútbol". En la temporada 2014-15, entre Suáre, Messi y Neymar hicieron 122 goles. Un año después, lograron 131 (récord para un tridente en una temporada) y en la 2016-17, antes de la salida de Luis Enrique por "desgaste", festejaron 111 veces.
"Cuando traes el tercer crack, que es Luis Suárez...lo normal entre cracks es que no se lleven bien, empieza el ego aquí...estamos viviendo una época bestial, unos años de tridente, a nivel humano perfectos, porque había un uruguayo, un argentino y un brasileño", comentó Luis Enrique.
Messi, Neymar y Suárez se volvieron inseparables. Adentro y afuera de la cancha. El uruguayo y el argentino, con 38 años cada uno, demuestran vigencia y empatía. Con la camiseta del Inter Miami, son los referentes de ataque de un equipo con mucha jerarquía pero todavía en construcción. Su instinto de sociedad permanece intacto. Siempre se buscan, siempre se hablan, siempre están juntos.
Está claro que contar con jugadores de tanta jerarquía entrega una garantía pero también que la acumulación de estrellas no implica un éxito seguro. Unos años más tarde, PSG juntó a Messi, Neymar y Mbappé. Pero las cosas no terminaron de funcionar. El objetivo de ganar la Champions League no se cumplió y el equipo, aunque tuvo momentos de brillantez, primero con Mauricio Pochettino y luego con Christophe Galtier, no terminó de formarse.
El domingo 29 de junio, en Atlanta, el director técnico volverá a ver las caras de Messi y Suárez, también de Busquets y Jordi Alba. Será un reencuentro lleno de recuerdos y, también, reconocimientos. Cuando le preguntaron por Luis Enrique al lateral izquierdo del equipo que dirige Javier Mascherano, no dudó: "Para mí es el mejor, creo que no solo como entrenador si no como gestor de grupo, para mí es un fenómeno y tengo ganas de verlo".