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Joel Álvarez sabía que cualquier error podía costarle caro. Enfrente tenía a un especialista del striking con centímetros, alcance y herramientas suficientes para castigar cualquier entrada precipitada. El español tampoco estaba dispuesto a regalar nada. Esa combinación convirtió los primeros minutos en un ejercicio de paciencia más que de agresividad.
La tensión se mantuvo prácticamente durante todo el combate. Ninguno quiso exponerse al contragolpe del otro y la pelea terminó pareciéndose por momentos a una partida de ajedrez. Finalmente, Chidi Njokuani derrotó a Joel Álvarez por decisión unánime en UFC 330. Los tres jueces vieron ganador al estadounidense con tarjetas de 30-27, 30-27 y 29-28. Un resultado que deja al asturiano con dos derrotas consecutivas después de haber caído anteriormente frente a Yaroslav Amosov.
UFC
La pelea se desarrolló íntegramente en el terreno que ambos habían anticipado. No hubo derribos y prácticamente todo transcurrió de pie, convirtiendo el enfrentamiento en una especie de combate de kickboxing con guantillas de MMA. Los dos respetaron desde el comienzo la capacidad del otro para responder a cualquier ataque. Njokuani intentó hacerse con el centro durante el primer asalto y comenzó encontrando algunos impactos con las piernas. Sus patadas frontales y ataques a diferentes alturas le permitían mantener la distancia. Álvarez respondió sin precipitarse, plantado delante del estadounidense y esperando el momento adecuado para lanzar combinaciones más largas.
Con el paso de los minutos, el español empezó a ganar terreno. Joel presionaba sin lanzarse de manera descontrolada y encontraba sus mejores momentos cuando conseguía encadenar varios golpes. Njokuani seguía siendo peligroso al encontrar la distancia, especialmente cuando podía utilizar sus golpes rectos y obligar al asturiano a detener su avance. Fue un primer asalto con poca acción y diferencias mínimas. Álvarez transmitía tranquilidad, sin abandonar el plan incluso cuando Njokuani trataba de llevarlo hacia situaciones más incómodas. El miedo mutuo al contragolpe provocaba que cada ataque estuviese medido y que ninguno estuviera dispuesto a asumir riesgos innecesarios.
El segundo asalto mantuvo prácticamente el mismo guion. Álvarez comenzó algo más activo y durante varios tramos pareció encontrar con mayor facilidad las acciones que buscaba. Njokuani redujo su producción respecto al inicio y ambos continuaron muy erguidos, dejando claro que la pelea seguiría desarrollándose fundamentalmente en pie. La falta de intercambios terminó provocando la reacción del público del Xfinity Mobile Arena. A mitad del segundo asalto comenzaron a escucharse abucheos ante los largos periodos de estudio. Era una pelea de esgrima, construida alrededor de la distancia, los amagos y la precisión, con muy poco volumen por ambas partes.
Álvarez parecía encontrar algunos de los golpes más limpios, aunque el margen continuaba siendo mínimo. Ninguno había conseguido romper realmente el combate y el segundo asalto terminó dejando una lectura especialmente ajustada. Todo quedaba pendiente de cinco minutos finales en los que Njokuani sí decidió aumentar su actividad. El estadounidense salió con mayor ritmo en el tercero. Elevó el volumen de golpeo y comenzó a obligar a Álvarez a trabajar más desde atrás. El español respondió llevando durante unos instantes a Njokuani contra la jaula para frenar su iniciativa, aunque tampoco allí buscó completar un derribo.
Cuando regresaron al centro del octágono, Njokuani volvió a encontrar sus patadas y terminó acumulando más actividad. El castigo a las piernas también fue ganando importancia en el tramo final. Álvarez respondió, pero tuvo más dificultades para sostener el ritmo que había mostrado durante algunos momentos de los dos primeros asaltos. Ahí pudo aparecer también el contexto con el que el asturiano había llegado a Filadelfia. Álvarez aceptó enfrentarse a Njokuani con apenas dos semanas de antelación después de la lesión de Geoff Neal. No había realizado un campamento específico para este rival, aunque sí se encontraba entrenando en Estados Unidos.
De hecho, Joel había viajado para ayudar a Islam Makhachev en la preparación de su defensa ante Ian Machado Garry. “Vi que se lesionó Geoff Neal, se presentó la oportunidad, hablé con Ali Abdelaziz y dije que para adelante”, había explicado el español en una entrevista con ABC durante la semana del combate. El corto aviso pudo condicionar su capacidad para incrementar el ritmo en los últimos minutos, aunque Álvarez había llegado con rodaje gracias al trabajo realizado junto al equipo de Makhachev. El propio asturiano había anticipado precisamente una pelea larga, táctica y en la que tendría que ir descifrando progresivamente a Njokuani.
La decisión terminó cayendo del lado estadounidense. Njokuani rompió así su racha de dos derrotas consecutivas, mientras Álvarez se marcha de UFC 330 con un segundo tropiezo seguido después del sufrido ante Amosov. Esta vez no hubo una finalización ni un momento definitivo: fueron quince minutos de tensión, distancia y pequeños detalles.
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