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Cinco años después de su última aparición en UFC, Conor McGregor volvió al octágono con la intención de iniciar una nueva etapa en su carrera. La expectación era enorme, pero el regreso terminó convertido en una de las noches más frustrantes de toda su trayectoria profesional. La lesión sufrida apenas comenzar el combate impidió comprobar el verdadero estado competitivo del irlandés. El enfrentamiento frente a Max Holloway terminó antes de que pudiera desarrollar cualquier plan de pelea y dejó una imagen que pocos imaginaban antes del evento.
El combate estelar de UFC 329 apenas duró 69 segundos. McGregor sufrió una grave lesión en la rodilla derecha tras lanzar una patada en salto al inicio del combate y el árbitro Mike Beltran decidió detener la pelea al comprobar que el excampeón de dos divisiones no podía mantenerse en pie. Además de la derrota por nocaut técnico, el irlandés firmó un registro inédito en toda su carrera dentro de UFC: terminó el combate sin conectar un solo golpe significativo.
UFC
La pelea comenzó con la explosividad habitual de McGregor. El irlandés sorprendió a Holloway lanzando una flying switch kick nada más sonar la campana, pero el apoyo sobre la pierna derecha provocó un gesto antinatural en la rodilla que condicionó inmediatamente el resto del combate. Desde ese momento apenas pudo sostener el peso sobre la pierna lesionada. Cada intento por desplazarse terminaba con la rodilla cediendo, mientras Holloway aprovechaba para presionar desde la posición dominante y conectar varios golpes sobre un rival claramente limitado físicamente.
El árbitro permitió inicialmente que la acción continuara, pero tras varios intentos fallidos de McGregor por reincorporarse decidió intervenir. La pelea concluyó oficialmente a los 69 segundos del primer asalto, poniendo fin al esperado regreso del irlandés tras cinco años de ausencia. Las estadísticas reflejaron hasta qué punto la lesión condicionó el combate. McGregor conectó únicamente cinco golpes totales durante toda la pelea, pero ninguno fue contabilizado como golpe significativo, algo que nunca le había sucedido en ninguna de sus anteriores actuaciones en UFC.
Hasta ahora, su registro más bajo de golpes significativos había llegado en UFC 194 frente a José Aldo. Aquella cifra, sin embargo, respondía a un contexto completamente distinto: el irlandés necesitó apenas 13 segundos para noquear al entonces campeón del peso pluma con un histórico izquierdazo. La otra ocasión en la que McGregor terminó un combate con menos de diez golpes significativos fue frente a Dustin Poirier en 2014. Aquella noche también resolvió el enfrentamiento antes del límite, logrando un triunfo por nocaut técnico tras imponer un ritmo muy alto desde el inicio.
Nada tuvo que ver con lo ocurrido en Las Vegas. Esta vez, la lesión apareció antes incluso de que pudiera desarrollar su ofensiva. El regreso que llevaba preparando durante meses quedó reducido prácticamente a una única acción ofensiva antes de que el combate se escapara definitivamente de sus manos.
Las primeras valoraciones médicas apuntan a una posible lesión importante en la rodilla derecha. Aunque el diagnóstico definitivo todavía está pendiente de las pruebas de imagen, varios especialistas consultados por medios estadounidenses consideran probable una lesión de menisco o incluso una rotura del ligamento cruzado anterior. Pese a las numerosas voces que ya plantean la retirada del excampeón, McGregor ha dejado claro que no contempla poner fin a su carrera. Tras el combate aseguró públicamente que volverá a intentarlo una vez complete la recuperación de esta nueva lesión.
La incógnita ahora gira alrededor del tiempo que necesitará para regresar y de si podrá recuperar el nivel competitivo después de encadenar cinco años de inactividad, una grave fractura de tibia y peroné en 2021 y este nuevo revés físico apenas 69 segundos después de volver al octágono.
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