Marc Márquez se acerca a su noveno título mundial de motociclismo. Si el piloto español suma tres puntos más que su hermano Alex este fin de semana en Motegi, durante el Gran Premio de Japón, asegurará una corona más, la séptima que logra en la categoría reina. Así, completará uno de los mayores retornos a la cumbre de la historia del deporte.
Y es que, hace poco más de cinco años, el de Cervera vivió la cara más amarga de su carrera deportiva. Lanzado tras ser campeón en 2019, en un año prácticamente perfecto, se lesionó en la primera cita de la campaña 2020, la del COVID-19, en Jerez. En una violenta caída en plena remontada, se fracturó el húmero de su brazo derecho. Un intento de regreso a la competición demasiado temprano hizo que se perdiera aquel curso completo. Y en su vuelta en 2021, notó que algo no iba bien. En total, tuvo que pasar hasta cuatro veces por quirófano para arreglar un problema de rotación, que le impedía pilotar con naturalidad. A ello hubo que sumar otras dolencias, como la vuelta de la diplopía, o visión doble, por un fortísimo accidente en Mandalika (Indonesia) en marzo de 2022.
Cuando ya el #93 estuvo recuperado al máximo de su lesión, para 2023, se encontró con otra situación compleja, esta vez en el ámbito técnico: su Honda estaba muy lejos de poder pelear por grandes objetivos. Tras un año desquiciador, con infinitud de problemas, Márquez renunció a seguir con su fábrica y su gente de toda la vida, además de a una tentadora oferta de renovación, para poner rumbo al equipo satélite de Ducati, Gresini Racing. Allí, en un ambiente familiar, pudo recuperar sensaciones, y volver a ganar con la compleja Desmosedici GP23. Pero siempre con un plan en la cabeza: ir al equipo oficial de la casa de Borgo Panigale. Algo que pudo hacer para este 2025, donde tras un curso en el que ha vuelto a arrasar, tiene el título muy cerca cuando aún quedan seis grandes premios para la conclusión del año.
Muchos catalogan ya este 'comeback', este retorno a lo más alto, como el más grande que se ha visto en la historia del motociclismo. En Motorsport.com vamos a recordar el antecedente que seguramente más se pueda asemejar al caso de Márquez, el de otra Leyenda de la historia de las motos pesadas, en la época de 500cc: Mick Doohan.
Corría 1992. Era el primer año en que MotoGP estaba bajo el control de Dorna Sports, la empresa española que se había hecho con los derechos comerciales como promotora del principal campeonato de motociclismo del mundo. La parrilla de 500cc vivía una época dorada, con Wayne Rainey como vigente campeón del mundo en Yamaha, John Kocinski como su compañero de equipo, Kevin Schwantz deslumbrando con su atípico estilo en la Suzuki #34, Wayne Gardner y Eddie Lawson dando sus últimos coletazos en Honda y Cagiva respectivamente, Randy Mamola como uno de los eternos 'outsiders' de lujo, y con España tratando de hacerse hueco entre los grandes con Alex Crivillé y Joan Garriga.
Pero entre medias de todos estos nombres, había uno que estaba derribando a marchas forzadas la puerta de 500cc: Michael 'Mick' Doohan. El australiano, nacido en Gold Coast en 1965 y procedente de la cantera de las Superbikes, debutó en la clase mayor con Honda en 1989. Tras un primer año de adaptación (con primer podio incluido), en 1990 ya había ganado una carrera, en Hungaroring. Y en 1991, se erigió como la principal amenaza de Rainey por el título, al ser segundo clasificado con tres victorias y 14 podios de 15 posibles (se quedó a 9 puntos del estadounidense en la general).
Para 1992, los ojos estaban puestos, sobre todo, en el #1 de Yamaha y en el #3 de Honda. Pero el fulgurante inicio de Doohan le colocó como el máximo favorito frente a su rival, al ganar en Suzuka (Japón), Eastern Creek (Australia), Shah Alam (Malasia) y Jerez (España) para arrancar la temporada. Fue segundo en Mugello y Montmeló (en el primer año de la sede del actual GP de Catalunya), y volvió a vencer en Alemania, en Hockenheim.
Así, se presentó en Assen con 53 puntos de margen sobre un Rainey que había comenzado el año con más problemas, por lo que una victoria en 'La Catedral', que por aquel entonces era una de las pistas más difíciles del calendario, podía sentenciar el título a su favor. Pero una desafortunada caída en los entrenamientos del TT truncaría sus planes de manera decisiva.
Fue en la jornada del sábado cuando Doohan se encontró en pista con una mancha de aceite dejada por la moto de otro piloto, su Honda NSR500 patinó, y él sufrió una caída. En la grava, el oceánico ya sabía que se había lesionado, y en efecto, sufrió una fractura distal con desplazamiento de su tibia derecha. Doohan fue llevado a la Clínica Mobile, llevada entonces por el doctor Claudio Costa, su fundador, con quien discutió sobre qué hacer para tratar de recuperarse cuanto antes, pues un título mundial estaba en juego. Doohan decidió operarse esa misma tarde.
Pero una mala experiencia con el médico local en Assen dio lugar a una durísima intervención, y a una historia de superación posterior tremenda. Doohan aseguró después que el negligente doctor neerlandés quiso terminar con su carrera deportiva: "Oí como le decía a Schwantz [también lesionado en aquel fin de semana] que no tenía ningún respeto por nosotros, porque nos provocábamos nuestras propias lesiones. Quería terminar con mi carrera".
Tras una primera operación sin anestesia general, hubo que operar a Doohan de nuevo. En esa segunda intervención, el propio Doohan contaba que tuvo que pedir él mismo que le cambiaran los vendajes, porque incluso olían a carne podrida. Y el doctor holandés avisó: si no mejoraba en 24 horas, le tendrían que amputar la pierna.
Ante tal experiencia, el doctor Costa se llevó a Doohan y a Schwantz a Italia, donde lucharon por estabilizar los órganos internos de Mick, por la sangre que habían perdido en el traslado. Tras una semana, la cosa no mejoraba. Finalmente, se optó por usar el riesgo sanguíneo de la pierna izquierda para salvar la dañada. Y dio resultado. Juntaron las piernas, las separaron dos semanas después, y Doohan comenzó una recuperación contrarreloj (y peligrosa) para tratar de volver a subirse a la Honda en Brasil, casi dos meses después. Lo hizo, contando con una ventaja de 22 puntos sobre un Rainey que venía de ser quinto en Hungaroring, primero en Paul Ricard y segundo en Donington Park.
Lo cierto es que Doohan no podía ni andar, y tenía la pierna notablemente infectada, pero reapareció en Interlagos. Solamente pudo ser duodécimo (entonces no puntuaba), y Rainey ganó (20 puntos). El título se decidió en Kyalami, a favor de Rainey. Al de Yamaha le valió con ser tercero en Sudáfrica, con un más fortalecido Doohan sexto. La ventaja del americano fue de cuatro puntos.
Sin embargo, un Doohan desbordante de mentalidad ganadora quería seguir peleando por recuperarse. Había hecho lo más difícil, y sabía que un futuro brillante en 500cc le podía aguardar, pese a todo. Y fue lo que ocurrió. No se materializó en 1993, donde Schwantz se impuso con su Suzuki #34 decorada de Lucky Strike. Aún con secuelas, solamente pudo ser cuarto de la general, aunque volvió a probar las mieles del éxito en un emocionante fin de semana en Mugello.
Sería la antesala de la 'era Doohan'. Para 1994, la pierna derecha del #3 ya estaba más recta: el desafortunado accidente la dejó torcida, pero como explicó después, un cirujano de California le colocó un fijador para corregirla. Esto ayudó al corredor a pilotar mejor, de una manera más cercana a su antiguo estilo. Doohan fue acumulando victorias hasta sumar nada menos que cinco títulos mundiales de 500cc de manera consecutiva, entre 1994 y 1998.
En total, logró en esos cinco años 44 triunfos, 61 podios y 43 poles, en 71 carreras. Especialmente extraordinaria fue su campaña 1997, con 12 victorias (10 consecutivas) y dos segundas posiciones en 15 carreras. Solamente falló en la última, precisamente en casa, en Phillip Island. Una hazaña que recuerda demasiado al 2014 o al 2019 de Marc Márquez.
Doohan volvió a empezar en forma en 1999, hasta que una nueva caída en Jerez, con daño en su pierna derecha, provocó su retirada de la alta competición, en lo que acabaría siendo el primer título para España en la máxima categoría, con Crivillé. Para el recuerdo quedó la historia de superación de Doohan, en meses en los que peleó contra el dolor y contra el miedo de no poder regresar a competir. Unas páginas doradas cuyo cierre puede replicar ahora Marc Márquez.