La conexión entre Marc Márquez y Mick Doohan se creó a partir de dos conceptos prácticamente antagónicos: el éxito y el dolor. Seguramente por eso, el español fue a buscar el consejo en la voz del australiano cuando se encontraba en el lugar más oscuro, en aquella etapa en que la lesión en su brazo derecho que le obligó a operarse hasta cuatro veces le llevó incluso a plantearse la retirada.
Hasta aquel instante en el que se cayó en Jerez (2020), Márquez llevaba una inercia meteórica; tanto en la carrera en cuestión –remontó desde la última posición hasta la segunda–, como en su trayectoria –seis coronas en siete años–. Un contraste con el destierro que llegó después, de golpe, y algo muy difícil de comprender. Precisamente por eso, Márquez buscó respuestas en alguien que pudiera sentirse identificado con él, por haber pasado por un mal trago similar, y que hubiera encontrado la ruta hacia la salida. En esas hechuras no hay palabra más autorizada que la de Doohan, que más de 30 años antes se vio en un percal similar, del que logró salir tan o más fuerte de lo que lo ha hecho ahora Márquez.
"Marc y yo hablamos varias veces durante ese periodo de recuperación. No hay mucha gente en el mundo con la que tener este tipo de diálogos, porque no son muchos los que nos hemos encontrado en este tipo de situaciones. Eso es lo que seguramente le ayudaba", reconoce Doohan, al otro lado del teléfono, en conversación con Motorsport.com.
En 1992, como punta de lanza de Honda, el corredor de Gold Coast lideraba el Mundial de 500cc tras ganar cinco de los siete primeros grandes premios, y haber terminado el segundo en los otros dos. Sin embargo, esa racha se rompió de golpe en Assen, donde un accidente a punto estuvo de llevar a los médicos a amputarle la pierna izquierda.
Desde aquella caída en Holanda y hasta que celebró el primero de los cinco títulos que encadenó después (1994-1998), su vida estuvo marcada por el dolor y el sacrificio. Dos conceptos con los que Márquez se siente muy identificado.
"Hay muchas similitudes con mi caso, porque yo también estaba dominando antes de caerme en Assen. Y también me tomó algunos años recuperarme. El impulso que le ha llevado a no guardarse nada dentro es el deseo de seguir corriendo, el mismo que el mío. Marc tenía una cuenta pendiente, y no hay nada que motive más que eso para que uno se vacíe", añade el cinco veces campeón del mundo, centrado ahora en echarle una mano a Jack, su hijo, integrado en la estructura de Alpine de F1 como piloto reserva.
En las palabras del corredor ‘aussie’ hay ecos de resignación y de fuerza a la vez. De resignación, porque el dolor era inevitable; de fuerza, porque de ese trauma brotó el combustible que alimentó el regreso.
Aquello que para muchos hubiera significado un punto final, para Márquez y Doohan terminó por ser una oportunidad para reescribir la historia. "A nivel mental, lo que ha conseguido demuestra lo fuerte que es Marc. Tantas lesiones y tantas operaciones te llevan a conocer lo más profundo de ti mismo, como individuo. Todo el esfuerzo que hay detrás de lo que ha hecho explica que sea un tipo tan humilde", subraya el ex de Honda.
El paralelismo entre ambos, separados por tres décadas, pero unidos por la misma herida, dibuja un relato de supervivencia que trasciende el motociclismo. Doohan y Márquez comparten el destino de quienes lo tuvieron todo, lo perdieron de golpe y encontraron la forma de reinventarse sin renunciar a la esencia que los convirtió en leyenda: "Este título será muy gratificante para Marc, sobre todo porque llegó a plantearse la retirada. El tiempo en que estuvo lesionado se le hizo eterno y durísimo. Pero estoy seguro de que ahora mismo mira para atrás y cree que todo aquello valió la pena".
