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Jorge Martín llegó al GP de la República Checa de MotoGP con una misión clara: volver a encontrar la felicidad sobre la moto tras una grave lesión que le obligó a estar fuera de la parrilla gran parte de la temporada.
El campeón de 2024 firmó un gran fin de semana, a pesar de que apenas había rodado con la Aprilia RS-GP 25 durante toda la temporada, una moto casi desconocida para él, ya que no había completado más de 10 vueltas seguidas en 2025.
Su excelente actuación se tradujo en una séptima posición que sabe casi a podio y que le ha permitido reencontrarse consigo mismo y renovar la relación con Aprilia, que parecía completamente rota.
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Jorge Martín salió del GP de la República Checa con una sonrisa que parecía haber perdido tras casi 100 días fuera de la parrilla, un periodo en el que su vida y su carrera deportiva con Aprilia se volvieron difusas por el bloqueo mental provocado por la lesión sufrida en el GP de Catar.
Séptimo en carrera tras una sólida actuación, el piloto madrileño logró más que puntos: recuperó sensaciones y confianza en sí mismo.
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"Me ha servido para confirmar que aún tengo un poco de gas", confesó al terminar la prueba. "Estaba preparado para todas las situaciones, y al final fue mejor de lo que me esperaba, sobre todo a nivel físico. Mentalmente se me hizo larga, cuando vi que faltaban 13 vueltas pensé: ‘¡Buah! Se me va a hacer pelota’. Pero lo importante era aprender".
Martín admitió que nunca había rodado tantas vueltas seguidas con su Aprilia RS-GP25, y aprovechó la segunda mitad de la carrera para estudiar, corregir y evolucionar.
"A partir de la décima vuelta empecé a fijarme dónde necesitaba más agarre o ir más cómodo. Mantuve a raya a los de atrás y eso ya es un paso importante", analizó en DAZN.
El piloto de Aprilia terminó satisfecho con su rendimiento, sobre todo porque simboliza un punto de inflexión en su temporada, tras semanas complicadas y lejos de su mejor versión.
"Ahora tenemos un parón que me vendrá bien para programar entrenamientos y recuperar distancia. Está claro que aún estamos lejos de la cabeza, pero me ha servido para crecer y seguir confiando", finalizó.
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El GP de la República Checa fue mucho más que una carrera para Jorge Martín. Supuso un punto de inflexión en un año que hasta ahora había sido cuesta arriba.
El madrileño volvió a la acción tras casi cien días fuera por lesión, y lo hizo con ganas de cerrar heridas, las físicas, las deportivas y también las emocionales.
No era solo una cuestión de volver a subirse a la moto. Martín llegaba a Brno en un momento delicado, con la confianza tocada y con una relación con Aprilia que había pasado por meses de ruido y tensión. La distancia entre las dos partes se había hecho evidente, pero en la pista todo empezó a recolocarse.
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Con un séptimo puesto en carrera y una actitud distinta desde el jueves, el piloto español recuperó sensaciones y mandó un mensaje claro: sigue aquí, con ambición y con ganas de pelear.
"El jueves había tensión, el viernes aún un pelín, pero hoy ya llegaba al box y me sentía en casa", confesó tras terminar séptimo en carrera.
El madrileño hizo autocrítica, pero también sacó pecho por el camino recorrido junto a los suyos: "Después de todo lo que ha pasado, creo que estamos haciendo una gran relación".
Martín explicó su vínculo con Aprilia con una metáfora reveladora: "Siempre lo he dicho, como las parejas en los momentos malos, si los aprovechas, te puedes salir más fuerte. Y creo que eso nos ha reforzado".
La conexión con el equipo fue evidente también en la celebración, donde destacó su complicidad con Máximo Rivola: "Cuando acabé la carrera, Máximo estaba feliz por mí, yo feliz por ellos. Incluso pensaba que había ganado Marco cuando crucé la meta".
El piloto cerró el fin de semana con una sensación de renovación emocional y profesional: "Ahora toca aprovechar el parón para desconectar, pero también para preparar más entrenamientos de moto. Queremos llegar más fuertes a la segunda mitad de la temporada".