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Porqué Alex Rins no puede esperar al motor V4 de Yamaha

Motorsport

En los circuitos, Alex Rins trata de mantener esa sonrisa que siempre ha llevado pintada en la cara, por más que lleva dos años en los que sacarla le debe costar mucho más de lo habitual. Algo más del tiempo que lleva enfundado en el mono de Yamaha, que le contrató con vistas al curso pasado en un acto de fe: la firma tuvo lugar en un hospital de Madrid, justo antes de entrar a quirófano para operarse de la avería en la pierna derecha que todavía no tiene del todo resuelta, consecuencia del accidente más grave de su trayectoria, en Mugello, ese mismo 2023.

Cada vez que se le pregunta por las consecuencias que le acarrea aquella lesión –doble fractura de tibia y peroné–, él insiste en subrayar que estas solo aparecen en la faceta más doméstica de su vida, y que encima de la moto él puede hacer exactamente lo mismo que si no se hubiera roto. Cierto es que en el último mes y medio su evidente cojera ha disminuido, fruto, según él mismo desveló a Motorsport.com en Brno, de un nuevo tratamiento con factores del crecimiento que sigue en un centro médico en Italia, especialista en lesiones de esquiadores.

De cualquier forma, al #42 se le acaba el tiempo. O, al menos, dispone de mucho menos que, por ejemplo, Fabio Quartararo, su vecino en el taller oficial de la compañía de los diapasones, de quien es la piedra angular del proyecto en MotoGP.

Los resultados de ambos en las dos temporadas que llevan como compañeros caen claramente del lado del francés. El Diablo ha sido capaz de subirse al podio en una ocasión –terminó el segundo en Jerez, este año–, ha finalizado entre los diez primeros en 13 ocasiones y, además, ha firmado cuatro pole position, tres de ellas consecutivas.

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Enfrente, la mejor posición de Rins es la octava plaza que alcanzó en el último Gran Premio de Malasia, en una de las tres veces que ha cruzado la meta entre los diez primeros. Su mejor posición en la parrilla fue la octava, del Gran Premio de Catalunya del ejercicio anterior. 

La superioridad de Ducati, especialmente de la Desmosedici en manos de Marc Márquez; y la entrada en vigor del nuevo reglamento técnico en 2027 ha hecho que los constructores lleven ya algún tiempo dándole vueltas a los prototipos que saldrán a la pista dentro de dos años, y que merecen hacer borrón y cuenta nueva respecto de los de la generación actual.

Para tratar de resolver los problemas de falta de tracción y de velocidad que martirizan a los corredores, Yamaha anda volcada en el desarrollo de un propulsor de cuatro cilindros en configuración ‘V’, con el que los ingenieros de Iwata esperan recortar considerablemente la distancia que separa su moto de la competencia, sobre todo de Ducati. Por desgracia para Rins, él no tiene margen para esperar a que llegue ese motor, por varias razones.

Su acuerdo con Yamaha expira en 2026, pero su pobre rendimiento ya ha suscitado que se disparen los rumores sobre un hipotético intercambio de asientos con Pramac. Motorsport.com entiende que ni el piloto ni quien le representa han recibido ningún indicativo de los ejecutivos de la marca que vaya en esa línea.

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De hecho, no es nada común que un equipo japonés rompa el vínculo vigente con un piloto, a no ser que exista algún elemento en concreto que lo precipite, como ocurrió con Maverick Viñales en 2021. Al mismo tiempo, ambas partes tampoco fingen creer que no pasa nada. "Lo que hay es preocupación y ganas de que Alex de un paso adelante", cuenta a quien escribe estas líneas una fuente del entorno del catalán.

El barcelonés no solo tiene que forzar un punto de inflexión para apuntalar su asiento en la formación oficial. Esa reacción haría que sus opciones de permanecer en la parrilla de 2027 aumentaran considerablemente, en caso de que sea eso lo que busca.

A la mayoría de pilotos punteros les expira el contrato a finales de 2026, pero las prisas de las escuderías hacen que el mercado se cierre cada vez más pronto. Es probable que para cuando el Mundial desembarque en Europa, a finales de abril, ya esté todo el pescado vendido.

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Por ello, y por el momento tan difícil que atraviesa a nivel competitivo –es el 18º en la tabla general, con 42 puntos, 60 puntos menos que Quartararo, que es el noveno–, Rins tiene que mandar algún mensaje esperanzador al volver de las vacaciones, y buscar la forma de sortear las evidentes deficiencias de la M1 que conduce, que está llegando al final de su vida útil.

"Actualizaciones de la moto llegarán pocas. Unos carenados en Austria y ya está. La fábrica sabe el problema que tenemos, pero no saben qué decir", lamentó en Brno el ex de Suzuki y Honda, con quien firmó el último de los seis triunfos que lleva en MotoGP, en 2023 (Austin).

Allí, en la República Checa, cruzó la meta el 15º, a 22 segundos de Quartararo, que lo hizo el sexto. "La diferencia entre Fabio y yo es a una vuelta. Él es capaz de hacer pole, porque este año lleva cuatro, y sale mucho más arriba", argumentó Rins. Una reflexión que tiene todo el sentido del mundo pero que probablemente a él no le sirva de mucho.