El francés no pudo reprimir las lágrimas cuando los periodistas acreditados le pidieron que expresara sus sentimientos. Hace poco más de un mes, pensar en encadenar tres 'pole position' seguidas, en subirse al podio (Jerez) y en estar en condiciones de volver a ganar un gran premio hubiera sido catalogado de chifladura. Todo eso se habría dado de no ser por la avería que sufrió la Yamaha M1 del Diablo en la 13ª vuelta de la carrera, y cuando ya había abierto un hueco de más de cinco segundos a su espalda, respecto de su más inmediato perseguidor (Marco Bezzecchi).
La carrera:
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Fue el regulador de altura trasero el que, caprichoso él, se quedó clavado, circunstancia que convirtió el prototipo en inconducible. Quartararo se desmoronó en la pista y después en la sala de prensa, donde la rabia por quedarse sin un triunfo que persigue desde hace tres años (Alemania) pudo más que la dosis de esperanza que le transmite una moto cada vez más competitiva.
"Esto me da esperanza, pero lo que ha pasado es una mierda", soltó Quartararo, antes de ponerse a llorar y relatar qué le pasó por la cabeza mientras estaba de rodillas, al lado de su moto, gritando de impotencia. "En esos momentos te pasa por la cabeza todo el trabajo que haces en casa, todas las horas que le dedicas a tu preparación, a pesar de saber que no vas a poder ganar. Es increíble que una piececita tan pequeña pueda destruir todo eso", reflexionó el campeón del mundo de 2021.
"Es una pena, porque hacía mucho tiempo que no me sentía así, con todo tan bajo control. En dos vueltas ya tenía más de dos segundos de ventaja", recordó el muchacho de Niza, que salió como un disparo, consciente de que si quería sacar partido de la goma delantera blanda que había elegido, tenía que ser en los primeros giros.
"Sabía que la goma media no era una opción para nosotros. Sabía que para intentar hacer un buen resultado tenía que frenar como un loco", puntualizó el de Yamaha, que ya vuelve a poder dar muestras de esa genialidad que le caracteriza, y que por limitaciones mecánicas parecía estar anestesiada. "Estoy contento de haber podido conducir de una forma tan agresiva, y de haber generado tanta ventaja a mi espalda. Eso no pasaba desde hacía muchos años. Poco a poco vamos poniendo en su sitio las piezas del puzle", concluyó Quartararo, en referencia al trabajo que está haciendo la marca de los diapasones.
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