Después de meses de marear a Miguel Oliveira y Jack Miller, la pareja de corredores de Pramac, y a media parrilla de Moto2, Motorsport.com entiende que la marca de los diapasones anunciará en los próximos días que será Miller quien finalmente acompañe a Toprak Razgatlioglu la temporada que viene en el garaje de su escudería satélite.
Como en cualquier decisión de este tipo, habrá quien esté a favor y quien esté en contra, y solo el tiempo permitirá evaluar si es acertada, o no. Para unos, mantener al australiano será lo adecuado por el momento que atraviesa Yamaha, que puede usar su experiencia para sacar el máximo potencial posible del propulsor de cuatro cilindros en V con el que confía recuperar la pegada que ha perdido en los últimos años, y volver a pelear regularmente por ganar; primero carreras y después, tal vez, títulos.
Para otros, prolongar la relación con el chico de Townsville no tiene demasiado sentido en una estructura que inicialmente se creó como una especie de 'junior team'; esto es, pensada para que los jóvenes puedan foguearse al desembarcar en la clase reina. Sin entrar en una valoración que es totalmente subjetiva, si algo ha quedado claro es que la gestión que se ha hecho de la elección del piloto que se subirá a esa última M1 disponible para 2026 podría haberse hecho mucho mejor.
Una vez que Yamaha confirme la renovación de Miller, el #43 alargará otro curso más su trayectoria en MotoGP, que lógicamente era su objetivo prioritario. Pero después de su intervención del pasado jueves ante los periodistas, a su llegada a Hungría y cuando aún seguía esperando una respuesta del fabricante de Iwata, uno entendería que no se quede en Pramac Racing tan a gusto como debería. "Ya he tenido suficiente paciencia con Yamaha. Si me quieres, me quieres. Si no me quieres, pues no me quieres. El tiempo pasa y siento que Yamaha no me quiere. Sobre todo, por la cantidad de nombres que van saliendo en la lista de candidatos", declaró ’Thriller’.
Ese mismo día, un par de horas después de soltar ese órdago, se le vio entrar en el 'motorhome' de Yamaha instalado en el paddock del circuito de Balaton Park, junto a Aki Ajo, su representante. Motorsport.com preguntó entonces el motivo de esa visita, y la explicación ofrecida por los ejecutivos del constructor japonés fue curiosa: "Miller ha venido a disculparse por sus palabras a la prensa". Una respuesta extraña. En primer lugar, porque el mosqueo de uno de los integrantes más populares de la parrilla de la última década podía ser perfectamente comprensible, y porque su intervención fue clara y directa, pero en ningún caso ofensiva. Por otro lado, no tenía mucho sentido ir a pedir perdón si su próximo destino iba a ser, como él mismo insinuó, el WorldSBK.
Varias conversaciones con distintas fuentes relacionadas con el caso llevaron a Motorsport.com a interpretar que Miller, finalmente, conservará su asiento en 2026, tal y cómo se informó el domingo. Sin embargo, lo normal es que el chico muestre su mejor sonrisa en público, pero que interiormente pueda llegar a sentirse como un plato de segunda mesa.
Menos contento aún está Miguel Oliveira, su actual compañero, que sigue a la espera de una respuesta. Al menos, eso es lo que promulga su entorno. Su experiencia puede ser aún más cruel dado que su acuerdo con Yamaha expiraba en primera instancia a finales de 2026. Lo que ocurre es que el vínculo recoge una cláusula de rescisión a favor del contratista, vinculada al rendimiento del muchacho de Pragal. Si al llegar a una fecha en concreta del calendario, antes de las vacaciones de verano, Oliveira figuraba el último de entre los cuatro pilotos de Yamaha en la tabla de puntos, la obligación de mantenerle ese segundo año quedaba anulada. Eso fue lo que sucedió, en parte, debido a los cuatro grandes premios que el #88 se perdió por lesión.
A nadie se le escapa que Yamaha llevaba meses detrás de Diogo Moreira, mientras también flirteaba con Manuel González. Antes del parón veraniego, el brasileño parecía el mejor situado para convertirse en el vecino de Razgatlioglu, en lo que habría sido una pareja de novatos a todos los efectos. El acuerdo de colaboración entre Moreira y Yamaha Brasil, que le cede motos para sus entrenamientos, parecía el gancho perfecto para que la casa madre reclutara a una de las piezas más codiciadas de la categoría intermedia.
El paulista, metido en plena pelea por el título, precisamente con Manu Gasss y Aron Canet –se encuentra a 31 puntos del primero y a seis del segundo–, esperaba un gesto inequívoco por parte de la compañía nipona. Motorsport.com interpreta que, en ese impase y ante la falta de determinación de Yamaha, quien sí se lanzó a por él fue Honda, que en una ofensiva deliberada le convenció para unirse a la familia del ala dorada.
A pesar de no tener nada firmado a su llegada a Balaton, Moreira ya había decidido unirse al proyecto de HRC, que le ofreció un contrato de tres años, con una primera temporada de adaptación a las motos pesadas (2026), enfundado en el mono del equipo LCR y con estatus de piloto de fábrica.
El lunes después de Hungría, Yamaha, por boca de Paolo Pavesio, su director, confirmó que Augusto Fernández correrá en Misano, dentro de dos carreras, con el nuevo motor V4 del que se ha hablado y escrito tanto, incluso antes de rodar en público. Una maniobra extraña si tenemos en cuenta el secretismo que profesa habitualmente. La noticia buscaba proyectar a los cuatro vientos todo el esfuerzo que se está concentrando, tanto desde Japón como desde Italia, en ese propulsor. Una estrategia lógica porque, muy probablemente, de su rendimiento dependerá el futuro de Yamaha, y las opciones de retener a Fabio Quartararo. Una cosa es que se cabreen Miller, Oliveira, Moreira y González –a quien Yamaha sigue rondando para 2027–. Otra cosa muy distinta es que lo haga el Diablo.