Este fin de semana, el Mundial de Resistencia (WEC) celebra en Spa-Francorchamps su tercera cita del año, una prueba que vuelve a poner a prueba a uno de los proyectos más ambiciosos —y también más complejos— de la parrilla: el debutante Aston Martin Valkyrie.
Un hypercar nacido de la visión del legendario Adrian Newey, con alma de Fórmula 1 y cuerpo de resistencia, que ha llegado a la categoría reina con el sello de Heart of Racing y la promesa de devolver a Aston Martin al Olimpo de Le Mans.
En una charla con los medios españoles, donde estuvo presente Motorsport.com, Álex Riberas, uno de los pilotos oficiales del Valkyrie, compartió su visión del proyecto. Lo hizo con sinceridad, sin esconder las dificultades de un coche que aún está lejos del ritmo de los grandes —Ferrari les saca más de un segundo por vuelta— pero que apunta maneras a largo plazo. "Lo más importante ahora es hacer kilómetros", explicó. "Tenemos más de 18.000 ya, pero seguimos en fase de aprendizaje. Incluso marcas como Ferrari, con dos años y medio más de desarrollo, todavía descubren cosas nuevas de sus coches".
Esa carrera, las 24 Horas de Le Mans, es mucho más que una fecha marcada en rojo para el equipo. Es el objetivo número uno. "La prioridad absoluta del proyecto es Le Mans", insiste Riberas. "Todo lo que hacemos, el enfoque que damos al coche, se hace pensando en que allí debe ser fiable, consistente y competitivo. Sabemos que si rendimos bien en Le Mans, lo demás vendrá solo". "Le Mans es posible que sea nuestra primera oportunidad de darlo todo y yo estoy convencido de que cuando llegue ese momento estoy listo para dar la talla", añade con firmeza.
El Valkyrie es especial por muchas razones, pero sobre todo por su ADN. Su diseño original es obra de Adrian Newey, padre de algunos de los mejores monoplazas de F1 de las últimas décadas. Y aunque ha mutado para adaptarse al reglamento del WEC, sigue siendo un coche extremo: mucha potencia, poco apoyo aerodinámico comparado con los prototipos LMP1, y una sensibilidad que lo acerca más a un GT con esteroides que a un prototipo tradicional. >"Se comporta como un GT grande", resume Riberas.
Cuando se le preguntó por el potencial del coche, el español se mostró más que positivo: "Al final es el diseño de Newey", admitió entre risas. "La sensación como piloto es de que el coche tiene mucho potencial, pero también notas que hay mucho trabajo por hacer y hay demasiados problemas todavía para poder hacer brillar el potencial real", añadió, consciente de que es un proyecto que acaba de nacer, aunque con la convicción de que "ha nacido bien".
La estructura detrás también es de peso. "Tenemos gente muy buena en el equipo, algunos vienen de Mercedes F1, de Red Bull... Gente con títulos en muchas categorías”, apunta el piloto español. Pero por muy bueno que sea el talento humano, el proyecto sigue en pañales. La prioridad, insiste Riberas, “no es encontrar velocidad, sino fiabilidad. Ahora mismo el 70% del trabajo va enfocado a que el coche aguante en todas las condiciones, sobre todo pensando en Le Mans. Solo el 30% es para hacerlo más rápido".
En este arranque de temporada, el Valkyrie todavía no ha puntuado. Pero ha dejado señales positivas. La más clara, su trato con los neumáticos: “Nuestra degradación es, sin duda, nuestra gran fortaleza”, dice Riberas. “A final de stint somos muy competitivos. Ferrari, que ahora mismo marca el ritmo, pierde buena parte de su ventaja cuando los neumáticos envejecen. Además, Michelin está sorprendida de lo bien que tratamos la goma. Eso puede ser clave en Le Mans, donde se hacen triples stints”.
"Ese tipo de gestión marcará diferencias en carreras de 24 horas. En Le Mans no se trata solo de ser rápido una vuelta, sino de mantener el nivel durante horas sin comprometer el rendimiento. Ahí es donde creemos que el Valkyrie puede destacar".
El vínculo con Aston Martin va más allá del nombre. Aunque el equipo compite bajo la bandera de Heart of Racing, la colaboración con la marca británica es total. "Tenemos acceso a tecnología y personal de la estructura de F1 gracias a Aston Martin Technologies. Eso nos permite avanzar más rápido de lo que podríamos solos", explica. Y si bien los recientes movimientos accionarios en la F1 han generado incertidumbre, Riberas lanza un mensaje tranquilizador: "Al no ser solo Aston Martin, los problemas que puedan surgir ahí no nos afectan directamente".
Riberas ha pasado la última década compitiendo en GTs. Su salto a la clase Hypercar es, por tanto, tanto un sueño cumplido como un reto de adaptación. "Antes me doblaban, ahora soy yo el que dobla. Es un cambio bruta", admite. Y aunque esperaba un coche mucho más diferente, la transición ha sido más natural de lo previsto: "Pensaba que el paso de GT a Hypercar sería más radical, pero no lo ha sido tanto. Eso sí, ahora tengo herramientas que nunca había usado: puedo regular barras estabilizadoras durante el stint, y eso te obliga a aprender un lenguaje nuevo".
Ese aprendizaje se complementa con sesiones intensivas en el simulador que Aston Martin tiene en Phoenix, Arizona. "Sin él, la adaptación habría sido muchísimo más difícil".
El WEC actual exige tanto a los pilotos como a los ingenieros. La presión es constante, el nivel es altísimo, y los errores se pagan caro. "Todavía me pasa que entro en el paddock y le pregunto a Buemi o a Kobayashi cómo ven el fin de semana... y luego me doy cuenta de que son mis rivales directos. ¡Es surrealista!", ríe Riberas. En ese contexto, la mentalidad lo es todo: "Como equipo estamos aprendiendo a poner el ego a un lado. Hay días que salimos a pista sabiendo que no vamos a ser competitivos, pero lo hacemos porque queremos aprender algo concreto. Ese conocimiento será oro en el futuro".
Y pese a no saber cuándo llegará el primer podio, Riberas mantiene la fe intacta: "Mi enfoque está al 100% en mejorar cada pequeño aspecto del coche. Estoy convencido de que, si seguimos por este camino, tarde o temprano estaremos delante".
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