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Las historias más poderosas del boxeo casi nunca empiezan en los grandes escenarios. Empiezan lejos de los focos, en barrios donde el deporte no es solo una vocación. Es una salida. Un lugar donde agarrarse cuando todo alrededor parece demasiado pequeño.
Óscar Collazo creció en ese tipo de entorno. En Villalba, Puerto Rico, el boxeo siempre fue parte de la vida cotidiana. Allí empezó a descubrir un talento que con el tiempo acabaría llevándolo a lo más alto de una división donde la técnica y el ritmo lo son todo.
(Miguel Cotto Promotions)
Aquel niño que soñaba con pelear como los grandes campeones de su país hoy es el rey del peso mínimo. Collazo defenderá el 14 de marzo sus cinturones de WBA y WBO frente a Jesús Haro en Anaheim (California), en un combate que vuelve a poner su nombre en el centro del boxeo mundial. Su ascenso ha sido rápido. Profesional desde 2020, el puertorriqueño construyó una carrera impecable hasta conquistar el título mundial WBO del peso paja en 2023. Desde entonces ha consolidado su dominio en la categoría y se ha convertido en uno de los campeones más activos del boxeo actual.
Pero el boxeo siempre tiene giros inesperados. Durante meses se habló de una gran pelea de unificación contra el campeón WBC Melvin Jerusalem. Las conversaciones avanzaban y parecía el siguiente paso natural en la carrera de Collazo. El combate finalmente no se concretó. Problemas de presupuesto cambiaron los planes y el campeón puertorriqueño terminó defendiendo sus títulos ante Jesús Haro, un rival diferente pero igualmente peligroso que aparece ahora en su camino.
Collazo, sin embargo, no se detiene en lo que no pudo ser. “Lo más importante es mantenerme activo en el ring y seguir peleando”, explicó en declaraciones recogidas por The Ring. Para él, la lógica del boxeo es simple: seguir compitiendo. “No tengo prisa. Sé que esa pelea va a llegar algún día”, añadió sobre el enfrentamiento que esperaba con Jerusalem. El campeón entiende que las grandes peleas en este deporte a veces necesitan tiempo.
Su mentalidad explica parte de su éxito. Collazo no es un campeón que espere sentado la gran oportunidad. Prefiere pelear. Mantener el ritmo. Seguir construyendo su carrera combate a combate. Frente a él estará Jesús Haro, un joven estadounidense de origen mexicano que llega con hambre de oportunidad. Con solo 23 años, Haro ha tenido un recorrido irregular como profesional, pero ha demostrado que puede competir a buen nivel dentro de la división.
Collazo conoce bien el perfil de su rival. “Sé que peleó contra el excampeón Wilfredo Méndez. Hizo una buena pelea y nunca lo han noqueado”, explicó. El campeón describe a Haro como un boxeador inteligente, paciente y con buen sentido táctico. “Es un contragolpeador, siempre peleando hacia atrás. Es un peleador inteligente y me va a dar trabajo”, dijo el puertorriqueño. Su análisis muestra respeto, pero también seguridad en su propio estilo.
Ese estilo es precisamente lo que lo ha convertido en uno de los campeones más dominantes del peso mínimo. Collazo combina presión constante con un jab muy preciso y una lectura del combate que suele imponerse con el paso de los asaltos. “Iré a hacer el trabajo que siempre hago. Usar mi buen jab, mi inteligencia en el ring y presionar”, explicó. El plan es claro. Estudiar los primeros asaltos y aumentar el ritmo a medida que avance la pelea.
“Sé lo que trae a la mesa, pero después de los primeros dos o tres asaltos voy a subir el ritmo y dar una buena pelea a los aficionados del boxeo de todo el mundo”, añadió. Más allá de este combate, Collazo tiene la mirada puesta en algo mayor. El campeón quiere seguir escalando posiciones dentro del boxeo mundial y sabe que las unificaciones pueden cambiar su posición en el deporte.
En la división todavía quedan nombres importantes. Melvin Jerusalem sigue siendo uno de los objetivos, pero también aparece el campeón IBF Pedro Taduran como posible rival en el futuro. Collazo no esconde esa ambición. “Sé que voy a pelear contra Jerusalem o contra Pedro Taduran”, aseguró. En el boxeo moderno, las grandes peleas también se miden por su impacto económico. “Estamos en el boxeo para ganar dinero. Yo no pago las cuentas con el legado”, explicó con franqueza. Es una visión directa del deporte, sin romanticismos innecesarios.
El campeón puertorriqueño quiere mantenerse activo. Su objetivo para este año es ambicioso. “Estoy planeando pelear al menos cuatro veces este año”, dijo. Una agenda intensa que refleja su mentalidad competitiva. Para él, cada combate es una oportunidad para crecer. “Si consigo un indiscutido, eso me va a poner en el nivel más alto”, explicó.
El 14 de marzo en Anaheim será otro paso en ese camino. Puede que no sea la pelea que esperaba hace unos meses, pero sigue siendo una defensa mundial. Y para Óscar Collazo, cada defensa es también una forma de seguir escribiendo su historia. Porque el niño de Villalba que soñaba con ser campeón ya lo es. Ahora pelea para algo distinto. Para consolidar su reinado y demostrar que su lugar en el boxeo mundial no es una casualidad.
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