¡Disfruta del mejor fútbol en DAZN!
Santos llegó a la última jornada al borde del abismo, mirando de reojo un descenso que habría sido una herida histórica. Pero apareció Neymar. No solo en el campo, donde volvió a ser decisivo, sino también en la voz de alguien que cargó con un peso invisible mientras empujaba al equipo hacia la salvación y, de paso, a una inesperada clasificación para la Copa Sudamericana. Cuando todo terminó, el 10 habló sin filtros.
“Cuando se habla de Neymar… Neymar pide esto, Neymar sale, Neymar… ¡por Dios! Pero ¿qué se le va a hacer? Forma parte del juego”, comenzó, con esa mezcla de ironía y cansancio que apenas le cabía en el gesto. Pero lo que vino después no formaba parte de un discurso habitual. “Confieso que estas últimas semanas fueron muy difíciles. Después del partido contra Flamengo, recibí muchísimos golpes. Creo que se pasaron un poco con las críticas. Cuando se trata de mí, siempre se pasan un poquito del límite”.
Globo Esporte
La presión, esta vez, no solo desgastó: derribó. “Fue la primera vez que pedí ayuda. Mi estado emocional llegó a cero. Ya no tenía fuerzas para levantarme solo. Y mi entrenador, mis compañeros y mi familia fueron demasiado importantes en ese momento para ayudarme a volver a ponerme de pie. Les agradezco a todos. Creo que no tenía fuerza para regresar”.
La confesión sorprendió por su honestidad. Neymar, que durante años se acostumbró a convivir con la exigencia de ser el foco permanente, reconoció también la naturaleza de ese apoyo. “La ayuda fue psicológica. Ya había hecho terapia hace un tiempo, pero no fue porque estuviera mal, sino porque quería otro tipo de apoyo, para ayudarme más. Pero esta vez fue la primera vez que mi estado emocional llegó a cero”.
El capitán no quiso esconder su vulnerabilidad, tampoco su límite. “Confieso que soy muy fuerte emocionalmente. Aguanto muchas cosas. Pero esta vez no aguanté. Fue muy difícil para mí”.