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El nombre de Agit Kabayel se ha consolidado en los últimos años como una de las grandes referencias del peso pesado europeo. Campeón interino del WBC, el boxeador alemán está a un paso de disputar el título mundial absoluto. Para ello, será clave su combate de este 10 de enero ante Damian Knyba (en directo en DAZN). Su trayectoria deportiva apunta hacia la élite. Su historia personal, sin embargo, no siempre fue recta.
En una entrevista concedida a DAZN Alemania, Kabayel habló por primera vez de forma abierta sobre un capítulo desconocido de su vida: los seis meses que pasó en prisión siendo apenas un adolescente. Un episodio que marcó un antes y un después, tanto en lo personal como en lo deportivo.
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Durante años, el camino del púgil nacido en Leverkusen y criado en Bochum parecía destinado a romperse. Con apenas 19 años, se vio envuelto en un incidente tras una noche en una discoteca que terminó con una condena por lesiones graves. “Era muy, muy joven. Hicimos tonterías. Mi hermano mayor se vio envuelto en una situación y yo entré para ayudarle”, explicó Kabayel.
El boxeador quiso dejar claro que no encaja en el estereotipo del peleador violento fuera del ring. “Creo que cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo al ver a su hermano en una situación donde necesita ayuda”, relató. Aun así, las consecuencias fueron reales y duras. Hubo denuncia, proceso judicial y una sentencia que inicialmente contemplaba tres años de prisión.
La condena se redujo primero a una pena de nueve meses en suspenso, pero esta terminó revocándose. Dos años después de los hechos, el fallo se hizo firme y Kabayel tuvo que ingresar en prisión. Cumplió seis meses entre rejas. Una experiencia que, según reconoce ahora, le cambió la vida.
“Mi actitud hacia todo cambió por completo”, afirmó. “Pensabas que eras el más fuerte, que nadie podía contigo. Allí te das cuenta de que hay leyes y que tienes que cumplirlas”. El impacto psicológico fue inmediato, especialmente en las primeras semanas. “Hubo momentos en los que lloré y me pregunté qué hacía allí y qué le estaba haciendo a mi familia”, recordó.
La situación fue especialmente dura para su entorno más cercano. Kabayel explicó que su madre sufrió graves problemas de salud durante ese periodo. “Mi madre se puso muy enferma. Le afectó muchísimo. Nada más salir, fui directo al hospital a verla. Estuvo ingresada y lo pasó muy mal”, relató.
Lejos de rendirse, el boxeador decidió utilizar ese tiempo como un punto de inflexión. Aprovechó los recursos disponibles en prisión para entrenar a diario y transformar su cuerpo. “Había un gimnasio y pedí permiso para usarlo. Entrenaba todos los días. Nunca en mi vida había estado tan en forma como entonces”, explicó.
Ese compromiso con el cambio fue más allá de lo físico. Kabayel se prometió a sí mismo no volver a verse en una situación similar. “Me dije que, cuando saliera, iba a ser otra persona y no volvería a meterme en problemas”, afirmó.
Pocos meses después de recuperar la libertad, su carrera deportiva comenzó a despegar. Dos promotores se interesaron por él y le ofrecieron contratos. A partir de ahí, su progresión fue constante hasta alcanzar el nivel mundial que hoy ocupa en la división reina del boxeo.
Con el paso del tiempo y ya convertido en padre, Kabayel observa aquel episodio desde otra perspectiva. “Fue una estupidez. Cuando tienes a tu propio hijo en brazos te das cuenta de lo idiota que fuiste y de los errores que cometiste”, confesó. “Pero son cosas que me han hecho madurar”.
Hoy, a sus 33 años, Agit Kabayel se encuentra ante la oportunidad más grande de su carrera deportiva. El combate por el título mundial absoluto está cada vez más cerca. Su historia, marcada por una caída temprana y una reconstrucción paciente, añade una dimensión humana a un boxeador que ya es referencia dentro y fuera del ring.
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