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David Benavidez es una de las mayores amenazas del semipesado. El bicampeón mundial del supermedio, ahora asentado en las 175 libras (tiene las fajas WBC y WBA), llega invicto con un 30-0 (24 KO) que retrata su estilo constante, agresivo y capaz de quebrar peleas con ráfagas de golpes encadenados.
Frente a él en Riad, en una velada que se verá en exclusiva en DAZN, aparece un Anthony Yarde que ha vivido todos los extremos del boxeo: derrotas durísimas, remontadas, noches de aprendizaje y un 2025 marcado por golpes emocionales lejos del ring.
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El británico, con un 27-3 (24 KO), encara la tercera oportunidad mundialista de su carrera en un escenario cargado de simbolismo. En los últimos meses recibió dos noticias que conmocionaron su entorno: la enfermedad de su exentrenador amateur Tony Cesay y el fallecimiento de James Cook MBE, figura clave en su equipo profesional durante años.Riyadh Season
Yarde asegura que no quiere convertir esas situaciones en gasolina extra para la pelea, consciente de que ya carga suficiente tensión en una noche de máximo riesgo. Aun así, llega convencido de que el tiempo puede, por fin, alinearse a su favor.
Su última aparición sirvió para cerrar la trilogía con Lyndon Arthur. En el Tottenham Hotspur Stadium firmó una victoria por decisión unánime después de doce asaltos duros y disputados. Fue una demostración madura: menos precipitación, más control y un ritmo diseñado para evitar el agotamiento que lo castigó en las derrotas ante Sergey Kovalev y Artur Beterbiev. Ese punto será clave ante un Benavidez que se siente cómodo presionando desde el primer asalto hasta el último.
A pesar de su experiencia en el peso y de su historial de noches complicadas resueltas a base de potencia, los pronósticos no acompañan a Yarde. Las apuestas le dan como underdog.
Benavidez, por su parte, llega convencido de que el salto definitivo al semipesado no le resta peligro. En su última pelea fue derribado por David Morrell, un episodio que el estadounidense atribuye a un tropiezo más que a un golpe claro.
El equipo de Yarde, sin embargo, ve en ese momento una posible grieta. Para el británico, la vía hacia la victoria pasa por dejarse sentir pronto: conectar manos que frenen la marcha de Benavidez y obliguen al estadounidense a respetar su pegada.
Con 24 nocauts en 27 victorias, sabe que puede cambiar una pelea en un segundo. El plan pasa por generar un ritmo desgastante, evitar quedarse sin aire en los últimos compases y construir una puntuación sólida que abra la puerta al triunfo por decisión… o al remate final si Benavidez baja el ritmo en los asaltos de campeonato.
Un triunfo transformaría por completo el mapa del semipesado. Con el futuro de Dmitry Bivol y Artur Beterbiev todavía sin un rumbo definitivo, un golpe de autoridad de Yarde lo situaría de inmediato como candidato principal en la división.
Aun con todo ello en juego, Yarde mantiene un discurso sereno. Se declara admirador de Benavidez, destaca su volumen, su precisión y su capacidad para trabajar en combinaciones que asfixian rivales. Pero en su mirada, repite, hay determinación. “En mi cabeza tenía un sueño de toda la vida y estoy a una victoria de conseguirlo”.
Benavidez, un boxeador que domina el caos y sabe generar desgaste desde su primer paso adelante, aparece como favorito. Pero Yarde, curtido en noches límite, llega preparado para convertir esta ocasión en la definitiva. La batalla por el cinturón del mundo se acerca con dos estilos opuestos, dos trayectorias llenas de golpes duros y un mismo objetivo: escribir su nombre en la cima del semipesado.