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El calendario del boxeo no siempre se mueve al ritmo de las expectativas. Hay peleas que parecen encaminadas. Rivales que se dan por hechos. Y, sin embargo, basta una decisión para que todo vuelva a empezar desde cero. Eso es lo que ocurre ahora alrededor de Saúl “Canelo” Álvarez. Cuando parecía que el siguiente paso estaba definido, el escenario se ha abierto por completo. Nombres que estaban en segundo plano han ganado fuerza.
Y el tablero vuelve a estar en movimiento. El mexicano prepara su regreso para el mes de septiembre, en un evento previsto en Arabia Saudí coincidiendo con el fin de semana de la independencia de México. Pero, a día de hoy, su rival sigue sin confirmarse y las opciones siguen creciendo.
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Una fuente cercana a las negociaciones lo dejó claro. Christian Mbilli, uno de los nombres que más había sonado, no es el único candidato. “Está en la mezcla”, aseguró, sin cerrar la puerta a otros aspirantes. El mensaje va más allá. “Quien sea el rival tendrá la mayor bolsa de su carrera”, añadió esa misma fuente a Boxing Scene. Una frase que explica por qué el interés en la pelea es máximo y por qué varios nombres están posicionándose en las últimas semanas.
Mbilli parte con argumentos deportivos sólidos. Invicto y con título mundial del WBC en el peso supermedio, su perfil encaja con una pelea de exigencia. Sin embargo, no es el único camino que contempla el entorno de Canelo.
Ahí aparece con fuerza Hamzah Sheeraz. El británico, con creciente seguimiento en Reino Unido, representa una opción con mayor impacto comercial. Un combate con él podría generar más atención global y mejores números.
El contexto también influye. El respaldo de Arabia Saudí a los grandes eventos ha cambiado las reglas del juego. La presencia de figuras como Turki Alalshikh ha impulsado peleas basadas no solo en lo deportivo, sino también en su capacidad de generar espectáculo.
Sheeraz, además, podría llegar con un título bajo el brazo si confirma su favoritismo en su próximo compromiso por el cinturón WBO. Ese factor aumentaría su valor en la negociación y reforzaría su posición frente a otros candidatos
En lo puramente boxístico, el contraste es claro. Mbilli representa un estilo agresivo, de alto ritmo y constante presión. Un perfil exigente que obligaría a Canelo a sostener un combate físico durante todos los asaltos. Un escenario de desgaste.
Sheeraz, en cambio, ofrece otro tipo de pelea. Más alto, con momentos de vulnerabilidad en su carrera reciente, podría ser un rival más manejable desde el punto de vista estratégico. Un combate diferente, con menos riesgo sostenido.
Otros nombres también orbitan la conversación. Jermall Charlo aparece como una opción lejana, mientras que José Armando Reséndiz busca posicionarse, aunque con menor peso mediático en este momento. Más complicado parece el camino hacia perfiles como el de Osleys Iglesias. Un rival peligroso, con capacidad de nocaut, pero sin el respaldo comercial suficiente para justificar el riesgo en una cita de este nivel.
El propio entorno del mexicano lo resume con una idea clara. La decisión final será suya. Sin imposiciones. Sin urgencias. Un proceso que puede alargarse unas semanas mientras se valoran todas las opciones disponibles. A sus 35 años, Canelo ya no necesita demostrar lo que fue. Ahora elige qué quiere ser. Cada rival define su legado y cada combate responde a un equilibrio entre riesgo, negocio y narrativa. Por eso, su próxima decisión marcará el rumbo inmediato del supermedio.
El escenario está abierto. Los nombres están sobre la mesa. Y, por primera vez en semanas, no hay un favorito claro. En el boxeo actual, eso ya es una noticia en sí misma.
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