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El 31 de enero, el Madison Square Garden será el escenario de una nueva prueba de alto nivel para Shakur Stevenson. El boxeador de Newark se medirá a Teófimo López en un combate que lo sitúa, otra vez, ante una frontera deportiva clara: subir al superligero, enfrentarse a un campeón consolidado y hacerlo en el recinto más simbólico del boxeo estadounidense. Para Stevenson, la cita no es solo una pelea. Es una declaración de ambición y de jerarquía.
Llegar a ese punto ha sido un proceso largo, medido y, en muchos momentos, deliberadamente paciente. Stevenson nunca ha sido un boxeador de trayectorias precipitadas. Su carrera se ha construido desde el control, la lectura del rival y una disciplina táctica que ha marcado todas sus etapas. El combate del 31 de enero resume ese recorrido: una oportunidad grande, asumida cuando su boxeo ya está plenamente definido.
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Mark Robinson/Matchroom Boxing
Shakur Stevenson nació el 28 de junio de 1997 en Newark, Nueva Jersey, una ciudad que él mismo ha convertido en parte esencial de su identidad pública. Desde muy joven entendió el boxeo como una vía de expresión y de responsabilidad. Su entorno fue determinante, pero también lo fue su carácter. Pronto destacó por su inteligencia en el ring, una cualidad que lo acompañaría desde el amateurismo hasta la élite profesional.
Su paso por el boxeo amateur confirmó esas sensaciones. Representó a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y regresó con la medalla de plata en la categoría de peso gallo. Aquella experiencia lo colocó en el escaparate internacional y reforzó una idea que ya manejaba su equipo: Stevenson estaba preparado para competir al máximo nivel, siempre que el crecimiento se hiciera sin atajos.
El salto al profesionalismo llegó en 2017 y su progresión fue constante. Stevenson no necesitó exhibiciones espectaculares para destacar. Su boxeo se apoyó en la precisión, en el control de la distancia y en una defensa que minimiza riesgos. Cada pelea parecía diseñada para añadir una capa más a su aprendizaje, sin alterar su identidad ni su ritmo natural.
En octubre de 2019 conquistó su primer título mundial al vencer a Joet González y proclamarse campeón WBO del peso pluma. Fue una actuación sólida, madura, en la que mostró que podía gestionar doce asaltos sin perder orden ni concentración. A partir de ahí, Stevenson pasó de promesa a campeón con pleno reconocimiento.
El segundo cinturón llegó en octubre de 2021, cuando detuvo a Jamel Herring y se hizo con el título WBO del superpluma. Ese combate añadió un matiz nuevo a su perfil. Además del control, Stevenson mostró capacidad para aumentar la presión y cerrar el combate cuando detectó el momento adecuado. Era una señal de evolución.
La noche que terminó de consolidarlo como figura fue la de abril de 2022 ante Óscar Valdez. Stevenson unificó los títulos WBO y WBC del superpluma con una actuación dominante, de esas que se estudian más que se celebran. Neutralizó al rival, dictó cada tramo del combate y dejó claro que su boxeo podía imponerse incluso a campeones con pegada y experiencia.
Pocos meses después llegó uno de los episodios más delicados de su carrera. En septiembre de 2022 no dio el peso antes de su combate contra Robson Conceição y fue despojado de sus cinturones sin subir al ring como campeón. Ganó la pelea, pero la báscula marcó el final de su etapa en las 130 libras y dejó una mancha que Stevenson asumió públicamente como un error propio.
El paso al peso ligero era inevitable. En esa división, Stevenson mantuvo su esencia y empezó a construir una nueva etapa. Su boxeo siguió siendo eficaz, aunque más discutido por una parte del público, menos atraído por el intercambio y más exigente con el espectáculo. Stevenson nunca escondió su postura: su prioridad es ganar.
En noviembre de 2023 se proclamó campeón mundial WBC del peso ligero al vencer a Edwin De Los Santos por decisión unánime. Fue una pelea muy analizada, con poco intercambio, pero suficiente para sumar un tercer título mundial en una nueva categoría. Ya como campeón, defendió el cinturón en julio de 2024 en Newark, ante su gente, reafirmando su control competitivo.
En 2025, Stevenson añadió una defensa de alto perfil ante William Zepeda, resistiendo la presión constante y reafirmando su solidez táctica. Esa victoria reforzó su posición antes del gran salto que ahora afronta.
El 31 de enero, en el Madison Square Garden, Shakur Stevenson se mide a Teófimo López con todo ese recorrido a la espalda. No llega como improvisado ni como aspirante temerario. Llega como un boxeador formado en la paciencia, convencido de su método y dispuesto a comprobar hasta dónde puede llevarlo su boxeo cuando el escenario y el rival exigen algo más.
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