Redacción deportes, 27 mar (EFE).- El neerlandés Mathieu van der Poel (Alpecin-Premier Tech) encontró el justo premio a su valentía y encadenó su tercer triunfo consecutivo en la E3 Saxo Classic, gracias a un ejercicio de fe y resistencia que contrastó con la cicatería de sus rivales.
De otra manera no se puede calificar la actitud del cuarteto, integrado por los noruegos Per Strand Hagenes (Visma Lease a Bike) y Jonas Abrahamsen (Uno-X Mobility) y los belgas Florian Vermeersche (UAE Team Emirates) y Stan Dewulf (Decathlon), que a falta de un kilómetro parecía haber atrapado al neerlandés.
Pero la falta de entendimiento, pensando ya en el esprint final, entre los cuatro ciclistas permitió a Van der Poel mantener unos escasos metros de ventaja que finalmente le permitieron cruzar, tras 208,5 kilómetros de recorrido, en solitario la línea de meta con un tiempo de 4h 45:15.
Cuatro segundos menos que el noruego Hagenes, que lideró un grupo perseguidor en el que las miradas de reproche reflejaron mejor que nada la ocasión pérdida.
Un estrambótico desenlace para una E3 Saxo Classic, con salida y llegada en la ciudad belga de Harelbeke, que nadie hubiera podido imaginar cuando a falta de setenta kilómetros para la conclusión y, aprovechando el paso por el adoquinado del Taaienberg, Mathieu van der Poel lanzó su primer ataque.
Acelerón al que siguió un segundo durante la ascensión al muro del Boigneberg que dejó al corredor neerlandés solo en su intento de dar caza al grupo de seis escapados que lideraba entonces la prueba.
Una caza que tuvo fin a falta de cuarenta y cinco kilómetros para la línea de meta Van der Poel alcanzó al grupo cabecero, del que se desharía definitivamente con un fortísimo acelerón durante la subida al Paterberg.
Maniobra que parecía dibujar una nueva exhibición del ciclista del Alpecin-Premier Tech que ya se impuso el 28 de febrero en la Omloop Nieuwsblad, la carrera que dio inicio a la temporada de clásicas, con una larguísima escapada en solitario.
Pero en esta ocasión Van der Poel midió mal y si tras el paso por el Oude Kwaremont y el Karnemelkbeekstraat, con casi treinta kilómetros por delante, el neerlandés contaba con una renta de más de un minuto, a falta de diez kilómetros para la conclusión la ventaja se había reducido a tan sólo 24 segundos.
Escasa diferencia que hacía soñar a Hagenes, Abrahamsen, Vermeersche y Dewulf, el cuarteto perseguidor, con lo que apenas unos kilómetros antes parecía una utopía: arrebatar la victoria a Van der Poel.
Una posibilidad que fue adquiriendo cada vez más y más visos de realidad, tras ver que la ventaja del neerlandés iba menguando hasta quedar reducida a unos metros al paso por la pancarta del último kilómetro.
Sin embargo, cuando Van der Poel parecía atrapado surgieron las desavenencias entre los perseguidores, que preocupados por ahorrar energía para el acelerón final, se olvidaron de dar caza al neerlandés.
Circunstancia que Mathieu van der Poel, ganador, entre otras pruebas, de 3 Flandes, 3 París Roubaix y 2 Milán San Remo, para sumar la victoria número sesenta en su carrera profesional.
Un triunfo que premió la fe y, sobre todo, la valentía del ciclista neerlandés, que no dudó en arriesgarlo todo con su lejanísimo ataque, una actitud que contrastó con la de sus rivales, a los que el exceso de cálculo les privó de la posibilidad de saborear la victoria. EFE
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