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Durante meses, todo giraba en torno a una incógnita. No era una cuestión menor. Era la gran pregunta del negocio. Cuándo volvería Conor McGregor. Y, sobre todo, en qué condiciones lo haría. La respuesta no ha sido directa. Pero cada señal apunta en la misma dirección. El ruido ha cambiado. Ya no se habla de si volverá. Se habla de cuándo.
El plan empieza a tomar forma. Según informa Ariel Helwani, la UFC trabaja con la idea de que McGregor regrese el 11 de julio en la International Fight Week de Las Vegas ante Max Holloway. Ese movimiento desplaza otra gran pelea: Islam Makhachev defendería el título wélter el 15 de agosto ante Ian Machado Garry.

La clave no es solo deportiva. Es estratégica. Dos eventos de ese nivel no pueden convivir en el mismo espacio temporal. La vuelta de McGregor obliga a reorganizar el calendario. Y da sentido a una hoja de ruta que ahora encaja. El propio McGregor ha alimentado esa sensación en los últimos días. En una publicación reciente, dejó un mensaje que no pasó desapercibido: “Con las piernas más afiladas que una guillotina. Entrenando con los lobos jóvenes, afilando la hoja. El regreso está llegando, les guste o no”.
Su última pelea fue en 2021. Aquella noche, en la trilogía ante Dustin Poirier, terminó con una grave lesión en la pierna. Desde entonces, ha habido intentos, anuncios y retrocesos. Ninguno definitivo. Hasta ahora.
El contexto es distinto. El enfoque también. Las últimas imágenes y mensajes muestran a un McGregor centrado en lo deportivo. Lejos de los episodios extradeportivos que marcaron su última etapa, ahora el discurso vuelve a girar en torno al octágono.
El rival encaja en esa narrativa. Max Holloway no es un nombre cualquiera. Es uno de los strikers más completos de la historia de la UFC. Ya se enfrentaron hace más de una década. Y el cruce generaría un interés inmediato.
Mientras tanto, la otra pieza del puzzle también se mueve. Islam Makhachev, campeón dominante, aparece en los planes para defender su título en agosto. El rival sería Ian Machado Garry, uno de los nombres emergentes de la división.
El encaje es claro. Si McGregor ocupa julio, agosto queda liberado para otro evento grande. Dos citas separadas, con foco individual. Una decisión que responde tanto a lo deportivo como a lo comercial. Desde la propia UFC, el mensaje sigue siendo prudente. Dana White ha insistido en que no hay nada cerrado. Pero también ha dejado claro que las conversaciones avanzan y que, cuando McGregor se compromete, suele cumplir.
La expectativa es máxima. No solo por el regreso en sí. También por lo que implica. McGregor sigue siendo la mayor superestrella de la historia de la compañía. Su presencia redefine cualquier cartelera. El impacto económico es evidente. Su nombre garantiza ventas, atención mediática y alcance global. Por eso, cada decisión alrededor suyo se mide con precisión. No hay margen para improvisar.
En paralelo, el calendario empieza a ordenarse. La International Fight Week necesita un cierre a la altura. Y McGregor encaja en ese papel. Agosto, con Makhachev, mantiene el nivel competitivo. La combinación es potente. Un regreso histórico y una defensa de título clave. Dos eventos separados que refuerzan el verano de la UFC. Y todo condicionado por una figura que sigue marcando el ritmo.
En las próximas semanas se esperan anuncios oficiales. La venta de entradas y la confirmación de carteleras no tardarán en llegar. Será entonces cuando se despejen todas las dudas. Pero el escenario ya está dibujado. McGregor prepara su regreso. La UFC ajusta su calendario. Y el verano empieza a tener una estructura clara, con dos fechas que pueden marcar el rumbo de la compañía.
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