En los últimos años, el segundo asiento de Red Bull se ha puesto al rojo vivo. Las últimas temporadas han visto alternancias incluso durante el campeonato, pero con un elemento recurrente: las dificultades para adaptarse y explotar al máximo el potencial del coche, sobre todo cuando la referencia al otro lado del box es Max Verstappen.
Una comparación difícil, hasta el punto de que la propia Red Bull, como ha manifestado en repetidas ocasiones Helmut Marko, no marca como objetivo a sus segundos pilotos igualar o superar al holandés, sino únicamente mantenerse dentro de un delta de rendimiento aceptable, capaz de garantizar puntos en el mundial de constructores, donde la escudería de Milton Keynes lucha de hecho con un solo coche.
Esta es la razón que, a principios de año, después de sólo dos grandes premios, empujó a Red Bull al enésimo cambio de pilotos, sustituyendo a un Liam Lawson en apuros por el mismo piloto que había descartado no hacía ni cinco meses: una tirita en una herida aún abierta, con la esperanza de que, mágicamente, una solución rápida al alcance de la mano pudiera resolver su problema.
El caso de Yuki Tsunoda es el más flagrante, ya que diez puntos en siete carreras no es ciertamente el botín que el equipo esperaba, pero ofrece la oportunidad de mirar y analizar más profundamente su transición hacia Red Bull y cómo, en el otro lado, Lawson está intentando reconstruir esas certezas perdidas tras unos meses lejos de Faenza.
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Yuki Tsunoda, Equipo Red Bull Racing
Fotografía de: Sam Bagnall / Motorsport Images vía Getty Images
Tsunoda llevaba muchos años soñando con la oportunidad de Red Bull, por lo que era comprensible el entusiasmo que había acompañado a sus primeras declaraciones, hasta el punto de comentar cómo, en el simulador, un instrumento que en Milton Keynes desde hace tiempo muestra a menudo diferencias de correlación, sus sensaciones con el RB21 eran buenas y que esperaba subir al podio en Suzuka.
El problema es que, con el RB21, se está encontrando con las mismas dificultades que sus predecesores: enfrentarse a un coche que hay que conducir y dominar al límite para extraer su potencial, destacando sobre todo sus problemas críticos de gestión. Si bien es cierto que en las tres últimas carreras no ha contado con todas las novedades, dado también el incidente de Imola, la tendencia arroja indicios interesantes.
La corta etapa de Lawson en Red Bull ha puesto de relieve dos aspectos principales: un rendimiento decepcionante y una dificultad considerable para explotar todo el potencial del coche. Como era de esperar, sus vueltas más rápidas rara vez llegaban cuando se necesitaba, ya que al intentar llegar al límite, el RB21 revela su naturaleza "nerviosa" e impredecible.
Un aspecto que Tsunoda también está sufriendo en su aventura en Milton Keynes, sobre todo en la sesión de clasificación, cuando se trata de sacarle todo el jugo al coche. Cuanto más se acerca el coche al límite, mayor es el riesgo de cometer un error, como se vio en Yeda o Imola.
El incidente de Imola es el más significativo, precisamente por el hecho, admitido por el propio piloto japonés, de haber subestimado la imprevisibilidad del RB21. Un accidente que, en su opinión, nunca habría ocurrido con el Racing Bulls, que ya era casi una segunda piel para él.
"En los últimos años con Racing Bulls, sabía lo que iba a pasar, ni siquiera tenía que pensar demasiado en ello. Reaccionaba con naturalidad y conducía rápido. Creo que esas cosas llegarán con el tiempo. Creo que el incidente de Imola me hizo darme cuenta del nivel de comprensión que tengo de Red Bull. Probablemente estaba subestimando un poco lo importante que es conocer bien los detalles".
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Yuki Tsunoda, Equipo Red Bull Racing
Foto de: Red Bull Content Pool
No es ningún misterio que el Racing Bulls es un coche rápido entre los equipos de la zona media, pero sobre todo fácil de llevar al límite, lo que resulta especialmente evidente en manos de Isack Hadjar, un debutante que no deja de sorprender. En el otro lado del box, sin embargo, Liam Lawson está teniendo problemas: no tanto para encontrar la confianza como para sacar la velocidad y ser capaz de juntarlo todo cuando realmente importa.
Si nos fijamos en los datos, incluso excluyendo Bahrein (donde sufrió un problema con el DRS), en la clasificación la diferencia media con Hadjar fue de unas tres décimas y media. Sólo en un fin de semana Lawson fue más rápido, en Arabia Saudí, pero no logró puntuar, también debido a una penalización. El neozelandés siempre ha afirmado que no le falta confianza en el coche, sino capacidad para exprimirlo.
El único fin de semana en el que lo consiguió fue en Mónaco, donde sumó sus primeros puntos. Pero incluso entonces, la diferencia con su compañero de equipo fue de unas dos décimas.
"En Mónaco, mejoramos desde los entrenamientos libres y nos colocamos en una buena posición en la clasificación. Pero no diría que sentí algo diferente durante el fin de semana. No fue como si algo hubiera hecho clic dentro de mí. Esa sensación ha estado presente en todas las carreras. Simplemente tuvimos un fin de semana limpio, el primero de toda la temporada", explicó Lawson.
Liam Lawson, equipo Racing Bulls
Foto de: Peter Fox / Getty Images
Como Lawson admite, la clasificación no ha sido su punto fuerte este año, y los resultados lo confirman. Pero hay un problema: esas tres décimas de media pesan mucho en medio del pelotón, donde los equipos están muy juntos.
Incluso con un buen ritmo de carrera, remontar se hace complejo, por lo que está claro que necesita un paso adelante decisivo, entre otras cosas porque su futuro ya no parece tan asegurado.
Sin embargo, hay un dato curioso: si nos fijamos en los mejores tiempos en términos absolutos (excluyendo Bahrein para Lawson e Imola para Tsunoda), la diferencia entre ambos es de sólo dos décimas, inferior a la que hay entre Lawson y Hadjar. Una cifra que no es del todo sorprendente, si se tiene en cuenta que Lawson ha rodado por delante de Tsunoda en cuatro ocasiones desde que intercambiaron sus asientos, lo que confirma lo difícil que es el monoplaza del Red Bull.
Adaptarse o perderse, porque el propio japonés también atraviesa una fase compleja. La difícil clasificación de España, a la que no encontró respuesta, es el ejemplo más flagrante: a pesar de las diversas pruebas, fue incapaz de asimilar el problema al sentirse perdido, acabando en última posición por culpa de la falta de agarre.
Paradójicamente, las situaciones de Lawson y Tsunoda son similares, pero también profundamente diferentes.