El Dakar, ese juez implacable que primero te eleva y después te recuerda dónde estás, golpeó de lleno a Edgar Canet en la Etapa 5. El día más duro del rally para el joven piloto español no solo le arrebató cualquier opción real de soñar con la general, sino que le dejó una lección de esas que solo el desierto sabe impartir: largas, crueles… y necesarias.
Hasta este jueves 8 de enero, el Dakar 2026 estaba siendo casi perfecto para Canet. No era la revelación, era la confirmación. Dos victorias de etapa, el piloto más joven en ganar una etapa en la historia del rally, top 4 en la general y una sensación constante de que iba mucho más rápido de lo que él mismo había previsto antes de empezar. Pero en una etapa maratón, liderar no te salva. Y el Dakar no perdona.
Canet arrancó la Etapa 5 como nunca. Literalmente. Lideró la especial durante los primeros kilómetros y dejó a todos con la ceja levantada en una jornada que exigía cabeza, navegación y sangre fría. "Los primeros 200 kilómetros fueron increíbles, probablemente la mejor sensación que he tenido nunca sobre la moto", reconoció después. Todo fluía: ritmo, navegación, confianza. Hasta que dejó de hacerlo.
Un impacto contra una roca dañó la rueda trasera y cambió el guion por completo. En una maratón no hay asistencia, no hay atajos ni segundas oportunidades. Solo supervivencia. "A partir de ahí la prioridad cambió totalmente y el resto de la etapa fue sobrevivir y traer la moto de vuelta al bivouac", explicó el piloto de KTM.
Más de una hora perdida reparando el mousse, kilómetros interminables y la noche cayendo sobre el desierto. Canet terminó la etapa ya en la oscuridad, exhausto, pero en pie. "Lo más importante para mí era simplemente llegar al final, independientemente del tiempo perdido", resumió, poniendo en palabras lo que en ese momento ya era evidente: el Dakar se había convertido en otra cosa.
La decisión posterior de su equipo —ayudarle a cambiar la rueda para poder continuar— le garantiza seguir en carrera, pero a un precio altísimo: una sanción de seis horas que, sumada al tiempo perdido en pista, le deja a más de diez horas de la cabeza. El sueño de la general se esfumó del todo.
Y aun así, Canet no se esconde. Ni dramatiza. Ni baja los brazos. "Esto forma parte del aprendizaje. Es solo mi segundo Dakar y cada kilómetro es experiencia valiosa", afirmó, ya con la mirada puesta en lo que viene. Sin presión, sin cálculo, con el mismo hambre.
Porque si algo dejó claro la Etapa 5 es que Edgar Canet tiene velocidad de sobra para estar delante. Ahora, liberado de la lucha por la general, el Dakar puede convertirse en su mejor escuela… y quién sabe si también en un escenario perfecto para volver a levantar la mano y recordar al mundo que, incluso después del golpe más duro, sigue ahí.