Arrancar un motor de Fórmula 1 es un proceso que no tiene nada que ver con girar una llave en un coche de calle. Se trata de un ritual complejo y meticuloso que involucra a todo un equipo de ingenieros y mecánicos y que puede durar varios minutos.
A diferencia de un vehículo convencional, un F1 carece de motor de arranque propio, ya que cada gramo de peso es crucial para el rendimiento, por lo que todo el procedimiento depende de equipamiento externo y una sincronización perfecta.
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Aston Martin
Antes de que comience la sesión pertinente, el motor se somete a una fase de precalentamiento. Mediante bombas y calentadores externos, se hacen circular el aceite y el refrigerante por todo el sistema hasta que alcanzan su temperatura óptima de funcionamiento.
Una vez que los fluidos están a la temperatura adecuada, entra en juego un motor de arranque externo que se acopla en la parte trasera del monoplaza. Este potente dispositivo hace girar el cigüeñal y todos los componentes internos del motor sin inyectar combustible.
El objetivo principal de este paso es que la bomba de aceite genere la presión necesaria para lubricar cada rincón de la unidad de potencia antes de que se produzca la combustión.
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Solo cuando todos los sistemas dan el visto bueno y cada valor se encuentra dentro del rango esperado, se da la orden de iniciar la secuencia de encendido. En ese momento, los ingenieros activan telemáticamente el siguiente proceso.
Este hace que el combustible se inyecte en los cilindros y las bujías generen la chispa, provocando las primeras combustiones mientras el motor de arranque externo sigue ayudando a mantener el giro.
Finalmente, con el motor ya rugiendo, el motor de arranque externo se desacopla y la unidad de potencia comienza a funcionar por sí misma, estabilizándose en un ralentí muy elevado para evitar que se cale.