La Fórmula 1 vive permanentemente instalada en una contradicción. Es la cara más visible del automovilismo, el escaparate global del deporte del motor y, al mismo tiempo, un campeonato que nunca ha dejado de convivir con el debate sobre la igualdad, la justicia competitiva… y hasta su propia naturaleza como deporte.
Romain Grosjean ha decidido volver a poner el dedo en la llaga.
El expiloto de Fórmula 1, ahora asentado en otras disciplinas como la IndyCar, lanzó una reflexión tan directa como incómoda al analizar la temporada 2025, marcada por el dominio técnico de McLaren y por la figura de un Max Verstappen sobresaliente… pero que pese a una temporada casi perfecta no pudo ser campeón del mundo frente a un Lando Norris que cometió más errores que él.
"Al final la Fórmula 1 es un deporte muy interesante. A veces ni siquiera puedes llamarlo deporte, porque no es justo desde el primer día", aseguró Grosjean.
El francés fue más allá al poner como ejemplo lo ocurrido este año. McLaren partía claramente por delante en términos de rendimiento, Verstappen firmó actuaciones extraordinarias con un coche inferior, pero el campeonato nunca estuvo realmente abierto.
"Se ha visto muy claro este año, con los dos McLaren arriba del todo y Max siendo excepcional, pero nadie más tuvo una oportunidad real de ser campeón del mundo".
La pregunta, para Grosjean, es tan sencilla como incómoda: "¿Es justo decir que competimos todos por el mismo título cuando no tenemos las mismas herramientas? No realmente".
No es una crítica nueva, pero sí especialmente significativa viniendo de un piloto que ha vivido la Fórmula 1 desde dentro y que ahora compite en campeonatos con una mayor estandarización técnica, como la IndyCar. Allí, el peso del piloto es más determinante y las diferencias mecánicas están mucho más contenidas, algo que contrasta con la F1 moderna, donde el mejor coche suele ser el factor decisivo.
La temporada 2025 ha vuelto a reforzar esa sensación: Verstappen fue, para muchos, el piloto más completo del año, capaz de exprimir un monoplaza inferior hasta límites insospechados, pero el título acabó en manos de Lando Norris, respaldado por el coche más competitivo de la parrilla.
Sin embargo, reducir el debate a si la Fórmula 1 "es o no es un deporte" sería simplificarlo en exceso.
La F1 exige una preparación física extrema, con fuerzas G constantes, carreras de casi dos horas, temperaturas asfixiantes en el cockpit —como se ha visto en Qatar o en otros Grandes Premios— y un componente mental brutal, donde la concentración y la toma de decisiones al límite marcan la diferencia. En ese sentido, hay pocos deportes tan completos.
Y además, la injusticia competitiva tampoco es exclusiva de la Fórmula 1. En el fútbol, el mejor equipo puede caer eliminado por una mala noche; el mejor jugador del mundo puede no ganar la Champions si su equipo no está a la altura; una selección extraordinaria puede quedarse sin Mundial por detalles mínimos. El contexto importa, siempre.
La Fórmula 1 no es solo un deporte individual, aunque gane un piloto. Es, quizá más que ningún otro, un deporte de equipo: ingenieros, estrategas, mecánicos y estructuras enteras empujando en la misma dirección. A veces eso hace que el mejor no gane. Otras, que el talento marque la diferencia aunque las armas no acompañen.
Grosjean ha puesto voz a una sensación compartida por muchos aficionados: la F1 no siempre es justa. Pero que no sea justa no significa que no sea un deporte. Significa, simplemente, que es un deporte único, complejo… y eternamente discutido.