Como alguien que ve la Fórmula 1 desde pequeño, entré a la proyección de F1: The Movie después de que me repitieran una y otra vez que la película no estaba pensada para mí.
Se ha hecho, a un coste altísimo, para presentar el campeonato a una audiencia potencialmente nueva, especialmente en Estados Unidos, con la esperanza de atraer a una masa de aficionados del mismo modo que lo ha hecho el fenómeno de Netflix Drive to Survive en los últimos años.
Brad Pitt encabeza el reparto interpretando al ex piloto de F1 Sonny Hayes, que corría por dinero, y otros grandes nombres vinculados a la producción –Jerry Bruckheimer, Hans Zimmer y el propio Lewis Hamilton, por mencionar solo tres– hacen que este taquillazo veraniego tenga muchas papeletas para convertirse en un éxito.
Pero habrá momentos en el cine en los que los aficionados más veteranos se lleven las manos a la cara, y en Motorsport.com repasamos qué podría provocar una reacción así.
A pesar de ser un piloto venido a menos y ya retirado, Hayes tiene la oportunidad de redimirse cuando ficha por un equipo de F1 en horas bajas –APX GP– que perderá su plaza en la parrilla si no mejora drásticamente sus resultados.
Hayes tiene su propio enfoque para cambiar la suerte del equipo, que empieza por el diseño del coche (al que llama directamente "mierdamóvil", más sobre eso después). Exige un monoplaza hecho para el "combate", quizá con piezas sobrantes de Top Gun: Maverick, ya que ambas películas comparten director, Joseph Kosinski.
Foto de: Glenn Dunbar / Motorsport Images
Resulta que su petición no era tan descabellada, teniendo en cuenta su estilo temerario en los grandes premios: echa a rivales fuera de pista a propósito, estrella su coche y retrasa su salida del pit lane para molestar a otros pilotos... ¡y aún así es el supuesto héroe de la película!
Esto resta realismo a las escenas de acción en pista, que están rodadas con tecnología realmente innovadora. Y aunque estas decisiones se toman pensando en Hollywood, los aficionados a la F1 puede que no puedan evitar alguna carcajada irónica.
Para muchos fans de la F1, la categoría reina se define por su brillantez tecnológica, por empujar los límites del diseño y avanzar la industria del motor.
Ese tipo de aficionado probablemente se sentirá decepcionado con el enfoque que la película le da al apartado técnico de la F1.
Hayes regresa tras tres décadas fuera del paddock y habiendo competido en cualquier coche que se le pusiera por delante por unos pocos dólares. Pero en cuanto llega a APX GP, parece entender al instante qué le falta al coche y empieza a hacer peticiones atrevidas al director técnico del equipo (que además es su interés amoroso).
Ella, por supuesto, accede –en más de un sentido– y voilà, APX GP pasa a tener un coche capaz de luchar en cabeza. Pero… ¿es todo tan sencillo con esas mejoras?
Foto de: Sam Bagnall / Motorsport Images
Quien espere una interacción significativa entre su piloto favorito de F1 y el mundo ficticio de Hayes, se llevará una amarga decepción: la mayoría de apariciones de pilotos reales se limitan a ser extras mejorados.
Hamilton participó en la creación de la película, pero apenas aparece de pasada. Algunos pilotos fueron invitados a participar en escenas de podio, pero con reacciones muy limitadas. Con tanto acceso al mundo real de la F1, habría sido interesante ver a Hayes y a su compañero novato en APX GP, Joshua Pearce (Damson Idris), interactuar con sus supuestos rivales de la parrilla.
En su lugar, los cameos más destacados son los de Stefano Domenicali, Toto Wolff, Will Buxton y el perro de Hamilton, Roscoe… que incluso recibe crédito en los títulos de la película.
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