El Dakar no siempre premia al más rápido. A veces, simplemente, al que consigue llegar. Y Nani Roma lo hizo en la Etapa 10, la última de la temida maratón, exhausto, dolorido… pero todavía en la pelea.
El piloto de Ford Racing cerró uno de los días más duros del Dakar 2026 con la sensación agridulce de haber perdido tiempo, sí, pero también de haber salvado una jornada que dejó a muchos por el camino y que volvió a sacudir la general. Roma quedó noveno, a más de 20 minutos del ganador, pero se mantiene en la lucha por el touareg, en la tercera posición, a 12:50 del líder, Nasser Al-Attiyah, cuando solo quedan tres días por delante.
"No ha sido una buena etapa, pero estoy contento de estar aquí", resumió el catalán, con la voz de quien habla después de una batalla larga y sin concesiones. Y no exageraba.
Roma pasó parte de la especial abriendo pista y rodando en cabeza, en una zona traicionera de dunas pequeñas donde cada decisión de navegación se paga cara. Hasta que llegó el error. "Estuvimos una parte de la especial delante, antes de liarla y pasarnos siete u ocho minutos buscando un waypoint", explicó.
En el Dakar moderno, siete minutos pueden ser una eternidad. Y más cuando detrás viene un Al-Attiyah lanzado, aprovechando huellas ajenas y convirtiendo cada kilómetro en un golpe directo a la general. Aun así, Roma logró limitar daños en una etapa que cambió el guion del rally y castigó duramente a otros favoritos.
Las dunas bajas, aparentemente inofensivas, fueron uno de los grandes enemigos del día. "Las pequeñas dunas hacen que abrir pista sea muy difícil", reconoció el piloto de Ford, consciente de que su posición de salida jugó en su contra en un día donde la navegación fue tan decisiva como la velocidad.
Pero más allá de los números y los cronos, la Etapa 10 fue, sobre todo, una prueba de resistencia. Física y mental. Y ahí, Roma habló sin filtros: "Estoy destrozado, me duele la espalda, he sufrido mucho hoy. Pero esto es parte del juego". Una reflexión, que comparte también el ahora líder del Dakar.
Palabras que resumen mejor que cualquier clasificación lo que significa sobrevivir a una maratón del Dakar sin asistencia externa, reparando el coche por la noche y volviendo a subirse a él al amanecer. No fue el día que soñaba Nani Roma, pero sí uno de esos que mantienen viva una opción de victoria cuando otros ya se han despedido.
El margen es reducido, la desventaja es clara y el reloj juega en contra. Pero Roma sigue ahí. Y en el Dakar, a veces, eso ya es media victoria.