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Jeremía Recoba, conocido por ser el hijo del emblemático Álvaro "Chino" Recoba -ídolo del Inter de Milán y figura del fútbol uruguayo-, es nuevo refuerzo de la UD Las Palmas. El club canario adquirió el 50% de sus derechos económicos por una suma cercana a los 700.000 euros al Club Nacional de Football. El mediapunta de 21 años firmó un contrato por tres temporadas, con opción a una más.
Nacido en Como, Italia, Jeremía dio sus primeros pasos con la pelota jugando al popular “Recha” junto a su padre, antes de iniciarse en el baby fútbol del club Siete Estrellas. Más tarde, se sumó a las divisiones inferiores de Danubio y, en 2022, se incorporó a Nacional de Montevideo, donde debutó oficialmente en 2023. En total, disputó 74 partidos con la camiseta del Bolso, marcó 14 goles y brindó 6 asistencias. Una de sus actuaciones más destacadas fue en la final de la Supercopa Uruguaya ante Peñarol, donde convirtió un gol clave en el triunfo 2-1.
Su padre fue, de hecho, el segundo entrenador que más veces lo dirigió: coincidieron en 23 partidos durante la temporada 2024. Pero más allá del apellido ilustre, tanto él como sus compañeros tenían en claro que no iba a jugar por herencia. "No me toca jugar por portación de apellido", fue siempre una premisa interna. Como padre, como entrenador y como exestrella mundial, el “Chino” ha sido una figura influyente en su carrera.

“Sabemos diferenciar cuando soy su jugador y cuando soy su hijo”, remarcó sobre el hecho de haber sido dirigido por su propio padre. “Sé que él es mi entrenador -amplió- y, cuando estamos en la cancha entrenando, solo es mi entrenador. Cuando estamos en casa es un poquito más complicado sacar temas de charlas, porque en mi familia todo gira alrededor del fútbol… pero lo venimos sacando bien”.
Jeremía, sin la "s", aunque muchos insistan en pluralizarlo. El origen tiene una anécdota peculiar: un error ortográfico de su padre al inscribirlo. "A veces jodo, pero mi viejo se olvidó de ponerme la 's' en el nombre. La otra vez se la conté al Mauri Pereyra y no lo podía creer. Mi vieja siempre me dice que se olvidó de ponerme la 's', pero me gusta el nombre, es distinto".
Su padre, al margen de cualquier concepto táctico, lo marcó como ejemplo de cómo proceder en el mundo del fútbol. “Yo veía a mi viejo hace ocho o nueve años, que le gritaba todo un estadio, y no tenía problema en sacarse una foto con 20 chiquilines”, recuerda Jeremía, marcando el impacto de ese ejemplo.
Y añade, con timidez: “La primera vez que me pidieron una foto me dio muchísima vergüenza, pero porque yo estaba al lado de mi padre. Jugaba al fútbol en Danubio y vino un hombre grande y le preguntó a mi viejo si se podía sacar una foto conmigo. No es que yo no me la quisiera sacar, pero me dio vergüenza que me la pidiera porque no lo conocía”.

El 15 de septiembre de 2015, Jeremía tuvo la oportunidad de fotografiarse con el tridente de ensueño del FC Barcelona: Suárez, Messi y Neymar. Fue en el Estadio Olímpico de Roma, en la previa del partido ante la Roma por la fase de grupos de la UEFA Champions League.
“¡Messi me llevaba dos cabezas! Yo tenía once o doce años. En ese momento me pasaba viendo a Barcelona. Casi me pongo a llorar cuando los vi con once años, pero si ahora los veo a los tres me pongo a llorar seguro, soy muy fanático de los tres, mi infancia futbolística son ellos”, asegura con emoción.
“Tengo a mi viejo como un ídolo, pero es distinto porque es mi viejo. Estos son unos monstruos”, concluye Jeremía, con claridad sobre el valor simbólico de cada figura en su formación futbolística.