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La UFC regresa este sábado con una cartelera discreta en cuanto a grandes nombres, pero que apunta al espectáculo. El evento UFC Vegas 111 tendrá como combate estelar el enfrentamiento entre Gabriel Bonfim y Randy Brown, dos hombres que llegan en gran forma y con aspiraciones serias de entrar en la zona alta del peso wélter.
La cita se celebra en el UFC Apex de Las Vegas y enfrenta a dos estilos opuestos, pero complementarios en el octágono. Bonfim representa la nueva ola brasileña: agresivo, técnico, con ritmo alto y confianza total en su golpeo. Brown, más experimentado, es el clásico ejemplo del veterano que se rehace con oficio, manteniendo elegancia y control en cada intercambio.
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Bonfim (18-1) vive su mejor momento. A sus 26 años, ha ganado cinco de sus seis combates en UFC y viene de dos victorias de impacto ante Khaos Williams y Stephen “Wonderboy” Thompson, esta última en julio. Aquella noche confirmó su salto de calidad y lo catapultó al Top 15 de la división. La victoria ante un excontendiente como Thompson le dio el respeto de los analistas y el reconocimiento de que está listo para retos mayores.UFC
Randy Brown (19-5), de 35 años, llega desde Jamaica con un recorrido largo en la compañía. Ha ganado ocho de sus últimos diez combates y se presenta después de un nocaut espectacular frente a Nicolas Dalby en abril, donde se convirtió en el primero en detener al danés dentro del octágono. Su estilo técnico y su alcance lo hacen un rival incómodo para cualquiera, y esta pelea es su oportunidad definitiva para irrumpir en el ranking.
El duelo entre Bonfim y Brown es, en esencia, una prueba ideal para ambos. El brasileño necesita demostrar que puede mantener su ritmo frente a un rival con experiencia y recursos. Brown, por su parte, busca frenar la racha ascendente del joven talento y reafirmar que aún tiene cuerda para competir entre los mejores.
A nivel deportivo, el emparejamiento tiene sentido en todos los aspectos. Bonfim presiona, cambia niveles con naturalidad y combina con precisión en el intercambio corto. Brown, más pausado, maneja bien la distancia, aprovecha su longitud y posee una defensa sólida que le permite contraatacar con efectividad.
El combate será a cinco asaltos, lo que añade una variable clave: la resistencia. Si Bonfim logra mantener su ritmo sin exponerse, puede desgastar y dominar por acumulación. Pero si Brown impone su jab y controla los espacios, el brasileño tendrá que adaptarse y encontrar alternativas.
El ganador no solo saldrá con un triunfo importante, sino también con el billete a enfrentarse a un nombre de la mitad superior del ranking en 2026. La UFC busca nuevos protagonistas en las 170 libras, y este duelo servirá para medir quién está listo para dar ese paso.
Para Bonfim, un triunfo consolidaría su ascenso meteórico desde Dana White’s Contender Series, donde llamó la atención por su contundencia. Para Brown, sería la culminación de una etapa de madurez tras una década de altibajos, demostrando que la experiencia puede imponerse al ímpetu.
El contexto invita a pensar en una pelea abierta y dinámica. Bonfim no acostumbra a especular: avanza, presiona y busca terminar. Brown responde con precisión, castiga errores y posee la calma de quien ha estado en noches grandes. Ambos tienen poder de nocaut, cardio probado y el tipo de mentalidad que garantiza espectáculo.