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Conor McGregor quiere que su regreso no pase desapercibido. El irlandés, una de las figuras más influyentes en la historia de las artes marciales mixtas, ya piensa en 2026 como el año para volver a situarse en el centro del foco mediático. Su objetivo no es solo regresar al octágono, sino hacerlo en un escenario sin precedentes dentro del deporte.
El contexto lo marca la UFC. El pasado año se anunció la intención de celebrar un evento especial en los jardines de la Casa Blanca con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos. Será el 14 de junio. Una cita pensada como un espectáculo único, con un fuerte componente simbólico e institucional, y llamada a convertirse en uno de los eventos más llamativos jamás organizados por la compañía.
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Jeff Bottari/Zuffa LLC/Zuffa LLC via Getty Images
Desde que esa idea se hizo pública, numerosos nombres importantes del MMA han mostrado interés en formar parte del cartel. McGregor fue uno de los primeros en posicionarse públicamente. En un primer momento, el ex campeón de dos divisiones pidió resolver su situación pendiente con Michael Chandler, un combate que llevaba meses anunciado y que finalmente no llegó a disputarse.
Sin embargo, esta semana el irlandés elevó todavía más el listón. McGregor planteó, en sus redes sociales, la posibilidad de una revancha frente a Floyd Mayweather, pero con una condición clave: que el combate se dispute bajo reglas de MMA y que tenga como escenario el césped de la Casa Blanca. Una propuesta que, de materializarse, uniría política, espectáculo y deportes de combate en un formato completamente inédito.
Ambos ya se enfrentaron en 2017 en uno de los eventos más mediáticos de la historia del boxeo moderno. Aquel combate, conocido mundialmente como “The Money Fight”, atrajo cifras récord de audiencia y de ingresos. Mayweather se impuso por detención en el décimo asalto, cerrando un duelo que fue tanto deportivo como mediático.
Durante la promoción de aquella pelea ya se habló de forma recurrente de una posible segunda parte en el octágono de la UFC. La idea nunca pasó de las declaraciones y no se tradujo en negociaciones reales, pero quedó instalada como un escenario teórico que ahora McGregor vuelve a poner sobre la mesa.
El momento deportivo del irlandés añade un componente de incertidumbre. McGregor no compite desde julio de 2021, cuando sufrió una grave lesión al romperse la pierna en el tercer combate de su trilogía ante Dustin Poirier. Aquella acción puso fin de forma abrupta a su pelea y abrió un largo periodo de recuperación.
Su regreso estaba previsto para el verano pasado frente a Michael Chandler. El combate se anunció oficialmente, se promovió durante meses y llegó a generar una gran expectación. Finalmente, una lesión obligó a McGregor a retirarse, prolongando aún más su ausencia del octágono y dejando su futuro inmediato en el aire.
En el caso de Mayweather, la situación es distinta. El estadounidense se retiró del boxeo profesional tras vencer a McGregor, pero ha seguido activo en el circuito de exhibiciones. Desde entonces, ha participado en varios combates de carácter no oficial, manteniendo su presencia pública y su atractivo comercial.
Actualmente, Mayweather tiene previsto disputar una nueva exhibición en primavera frente a Mike Tyson, otro nombre histórico del boxeo. Un duelo que refuerza la tendencia del excampeón a participar en eventos especiales, alejados de la competición profesional tradicional.
Por ahora, la propuesta de McGregor se queda en eso. Aún así, el mensaje queda claro por parte de The Notorious: si vuelve a competir, quiere hacerlo en un escenario único y con un rival capaz de generar atención global. El proyecto de la Casa Blanca ofrece ese marco excepcional. Y el nombre de Mayweather sigue siendo, años después, uno de los más reconocibles del deporte de combate. En 2026, McGregor quiere volver a sacudir el tablero.
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