El Dakar no regala finales. Hay que arrancárselos. Y Edgar Canet decidió despedirse del Dakar 2026 como lo ha vivido desde el primer día: atacando, apretando los dientes y sin levantar el gas ni siquiera cuando la general ya no estaba en juego. La victoria en la etapa 13 —por solo seis segundos— fue su forma de cerrar el círculo. Y de mandar un aviso muy claro: este chico de 20 años ya no es solo el futuro del rally raid.
"Ha sido una locura", resumía todavía con la adrenalina disparada. "Hemos ganado la etapa. He tenido una caída en el barro, pero me he levantado lo más rápido que he podido. Hemos luchado hasta el final". Una frase que define su Dakar como pocas: golpes, errores, aprendizaje… y velocidad pura cuando tocaba empujar.
El triunfo tuvo un sabor especial. No solo por ser el tercero del rally —tras el prólogo y la primera etapa—, sino porque llegó en un desenlace que ya es historia del Dakar. Mientras Canet celebraba su especial, su compañero y amigo Luciano Benavides conquistaba el Touareg por dos segundos. Dos. El margen más ajustado jamás visto en motos.
"Creo que es el final de Dakar más ajustado del mundo", decía Canet, todavía incrédulo. "No puedo estar más contento por Luciano. Parece como si lo hubiera ganado yo por la celebración". No es una frase hecha: comparten equipo, amistad… y hasta caravana. La escena final fue más de familia que de paddock.
Porque para Canet, este Dakar nunca fue una cuestión de números en la general. El golpe llegó pronto, en la etapa maratón, cuando una avería con la rueda y una sanción le hicieron perder más de diez horas. Ahí se acabó cualquier opción de soñar en grande… y empezó el verdadero Dakar.
"Este Dakar ha sido un paso muy importante para mí; hemos aprendido muchísimo de principio a fin", reflexionaba. "Sabemos que tenemos la velocidad y lo hemos demostrado otra vez". Desde entonces, su rally fue otro: acabar como fuera, atacar cuando se pudiera y exprimir cada kilómetro como una lección.
La etapa final volvió a exigir carácter. "No sabía absolutamente nada de lo que pasaba por detrás. Lo único que podía hacer era mi etapa, apretar al máximo", explicaba. Incluso hubo tensión en pista: "He tenido dos pilotos delante que no me dejaban pasar y me he puesto un poco nervioso… pensaba: qué lástima perder una etapa por culpa de otro piloto". Pero encontró el hueco. "Un poco al estilo motocross", sonreía. Y se llevó la victoria.
El estrés, reconoce, ha sido brutal. "Es increíble la carga que he tenido durante estas dos semanas. Necesitaré días para volver a centrarme y ser consciente de todo". Pero ahora no toca analizar. Toca celebrar. Mucho. "Vamos a hacer una celebración muy grande con Luciano. Creo que me voy directo a Argentina".
También hubo tiempo para bromas… y promesas peligrosas. "El día que yo gane el Dakar, me llevo a todo el equipo a Ibiza", recordó entre risas. "Ahora ya están todos motivados". Avisados quedan.
En clave de equipo, el mensaje fue claro y repetido. "Hemos demostrado cuál es la mejor moto del desierto: KTM", insistió, orgulloso del trabajo de Red Bull KTM Factory Racing. "Esto da motivación para seguir trabajando y sacrificándonos cada día. El sueño está ahí y sabemos lo que hay que hacer".
Antes de marcharse, dejó una frase que resume su Dakar… y quizá su carrera: "Nunca te rindas. Si tienes un objetivo, lucha por él hasta el final. No sabes cuál será el final, pero sí los pasos que tienes que dar hacia delante".
Edgar Canet ya los está dando. Y cada vez más rápido.