Nani Roma bajó del coche en Yanbu sin el Touareg… pero con algo casi igual de valioso: la certeza de que sigue siendo competitivo. El Dakar 2026 no le concedió la épica final —recortar más de 15 minutos en apenas 100 kilómetros era poco menos que una quimera—, pero sí le devolvió al podio absoluto y a un lugar que nunca abandonó del todo: el de los pilotos que siempre están cuando el rally aprieta de verdad.
El catalán terminó segundo, a 9:42 del vencedor, Nasser Al-Attiyah, tras una última etapa que fue más cálculo que ataque. Roma hizo lo que estaba en su mano: empujar, recortar algo más de seis minutos y aceptar, con la serenidad que dan los años y los kilómetros, que esta vez no tocaba milagro. No hubo frustración en sus palabras. Sí una lectura lúcida de lo ocurrido durante casi 8.000 kilómetros de Dakar.
"Al final uno tiene que estar contento con la realidad. Ha sido un poco más rápido que nosotros en diferentes momentos. No nos ha ganado por ser más rápido, sino por pequeños detalles", resumió Roma ante los medios, donde se encontraba Motorsport.com, tras bajarse del Ford.
Roma no busca excusas. Ni las necesita. Sabe que el Dakar 2026 se decidió en esos días donde perder poco valía más que ganar mucho: pinchazos inoportunos, polvo en el peor momento, una estrategia que se torció cuando parecía bien encaminada. "Pequeños detalles que nos hicieron perder minutos", admite, señalando especialmente las etapas maratón y ese efecto yoyó que castiga sin piedad a quien queda atrapado en tierra de nadie.
Aun así, su lectura va más allá del resultado. Porque este no fue un podio circunstancial. Nada cayó por derribo. Nadie regaló nada.
"Aquí estábamos todos, cerradito, a pocos minutos. Después de miles de kilómetros, las diferencias son casi de Fórmula 1, esto es nivel F1", explicó, poniendo en valor uno de los Dakars más igualados que se recuerdan en coches.
Más allá de la clasificación, hay una frase que define el Dakar de Roma. No habla de trofeos ni de estadísticas. Habla de sensaciones. "Para mí es más importante sentirme competitivo que el podio".
Dicho por alguien que ha ganado el Dakar en motos y coches, no es una frase vacía. Es una declaración de estado. Roma no solo fue segundo: fue el mejor clasificado de Ford, el mejor español del rally y un referente dentro del vivac. También un socio clave para que el proyecto del óvalo cerrara el rally con tres coches entre los cinco primeros.
Y en ese camino compartido aparece inevitablemente otro nombre propio, Carlos Sainz, quinto en la general. Roma no rehúye el debate sobre el futuro del madrileño y lo hace desde la admiración y la naturalidad.
"Un tío de 63 años dándole gas a fondo todo el día… esto es una lección para la juventud", lanzó, reivindicando el trabajo, el esfuerzo y la pasión como motores reales del alto rendimiento.
Roma reconoce que Dakar Rally no siempre premia al más rápido, sino al más constante. Y ahí, esta vez, Al-Attiyah fue superior. "Ha sido más constante, se lo ha merecido", concedió sin rodeos. Cero reproches. Cero excusas. Solo la satisfacción de haber peleado de tú a tú contra "superpilotos con buenos coches".
El Dakar 2026 no le dio a Roma su tercer Touareg en coches. Pero sí algo que no se compra ni se hereda: la confirmación de que sigue perteneciendo a la élite. En un rally durísimo, con diferencias mínimas y presión constante, volvió a ser protagonista.
No fue la épica. Fue algo más difícil: la consistencia.