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Drama de Roma para llegar al control con ayuda inestimable de Laia Sanz

EFE

Redacción deportes, 16 ene (EFE).- La duodécima etapa del Dakar se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia deportiva para el piloto español Nani Roma, que pasó de tener la situación relativamente controlada en la general de coches a jugarse su continuidad en el podio en un desenlace cargado de tensión.

El reglamento es claro y, tras cruzar la meta de la especial, los pilotos disponen de un tiempo máximo para completar el enlace hasta el vivac. Superarlo implica penalizaciones severas o incluso la exclusión, una amenaza muy real para el catalán tras una jornada caótica.

La especial terminó con Roma cruzando la línea de meta sobre tres ruedas, con el tren delantero derecho completamente dañado. El Ford Raptor había sufrido lo indecible, pero lo peor aún estaba por llegar. A las 14:01, hora local, el cronómetro empezó a correr y tenía 2 horas y 45 minutos para recorrer los 183 kilómetros que separaban la meta del vivac de Yanbu.

Nada más finalizar la especial, el equipo Ford activó una operación contrarreloj. El Raptor de Romain Dumas fue literalmente desmantelado en una “donación de órganos” para permitir que el coche de Roma pudiera seguir rodando. Suspensión, piezas mecánicas y soluciones improvisadas permitieron que el vehículo volviera a moverse tras una hora de trabajos frenéticos.

Pero el margen ya era mínimo con menos de 90 minutos para completar el enlace y cuando parecía que todo estaba encarrilado, llegó otro golpe inesperado. Roma se quedó sin combustible en pleno enlace, obligando a Laia Sanz a remolcarlo hasta una gasolinera. Cada minuto perdido aumentaba el riesgo de llegar fuera de tiempo. La tensión se acumulaba tanto en el 'cockpit' como en el equipo, consciente de que todo el esfuerzo deportivo podía desvanecerse por un simple retraso.

Finalmente, Roma logró alcanzar la entrada del vivac casi sobre la bocina, entregando su carné de ruta por segundos. Exhausto y visiblemente emocionado, liberó la tensión con lágrimas tras salvar una situación límite. Incluso con una posible penalización de un minuto, el catalán había logrado lo más importante: llegar dentro del tiempo máximo y mantener viva su segunda posición en la general, en uno de los episodios más dramáticos del Dakar moderno. EFE