El Dakar, ese lugar donde ayer no hay milagros… hasta que los hay. Nani Roma lo dijo 24 horas antes. Lo repitió durante años. Y este viernes, tras la etapa 12 del Dakar 2026, tuvo que desdecirse. Porque lo que vivió en Yanbu no entra en ningún manual de rally-raid. Ni siquiera en el suyo.
El piloto de Folgueroles llegó a la penúltima jornada como la última esperanza española, a ocho minutos de Nasser Al-Attiyah, con el podio en juego y la victoria casi fuera de alcance. Salió a defenderlo todo… y estuvo a punto de perderlo absolutamente todo. Un error a 50 metros del final de la especial, el coche roto, el reloj corriendo en contra, la gasolina agotándose y, cuando ya no quedaba nada, Laia Sanz como último salvavidas.
Roma no escondía nada al bajarse del coche. Ni el error ni el golpe emocional. "Hoy es, seguro, el día más duro de mi carrera. No creo en los milagros… pero hoy sí", confesó a los medios, entre ellos, Motorsport.com.
El momento crítico llegó cuando la especial ya estaba hecha. O eso creía. A apenas 50 metros del control, levantó la vista, perdió la referencia y se encontró una chicane maldita. "Perdí un poco la concentración. Había viento, polvo… y cuando volví a mirar la pista, el golpe fue enorme. Bloqueé todo".
El Ford quedó tocado. Muy tocado. Y allí empezó una carrera paralela, la que no sale en los tiempos oficiales.
Roma desmontando el coche. Romain Dumas, Mitch Guthrie, Prokop, todos empujando para que aquello siguiera rodando. El cronómetro no esperaba a nadie. El límite para llegar al campamento era real. Y cada minuto tarde, una penalización mortal.
"Sin el equipo no estaría aquí. Es imposible", reconocía.
Salieron. Ajustando velocidades. Calculando cada kilómetro. Y entonces, el último golpe del día: sin gasolina a siete kilómetros del final. "Normalmente, hoy es imposible llegar aquí", resumía.
Y cuando el Dakar parecía dispuesto a cobrarse su precio, apareció Laia Sanz. Roma la adelantó. Le pidió ayuda. Y la piloto catalana lo remolcó hasta meta con su Ebro. Un gesto deportivo. Un gesto humano. Un gesto que salva un podio.
"Ayer decía que no había milagros… esto lo es", admitió Roma, ya sin fuerzas para negarlo. Entró en tiempo. Con el coche herido. Con el piloto roto. Con el Dakar, una vez más, haciendo de las suyas.
La general ya no engaña a nadie. A falta de una etapa final de poco más de 100 kilómetros cronometrados, Roma está a más de 15 minutos de Al-Attiyah. Ganar el Touareg es casi una quimera. Pero seguir segundo, después de lo vivido, sabe a victoria moral.
"Hay un momento en el que ya no piensas en el podio. Piensas en llorar", reconocía.
El Dakar 2026 no será el más brillante de su palmarés. Pero puede ser uno de los más recordados. Porque Roma ha ganado Dakars. Pero sobrevivir a uno así, también cuenta. Y mañana, si todo va como debe, habrá podio. Quizá no el soñado. Pero sí el salvado por un milagro que, hasta ayer, no existía.