Carlos Sainz afronta el tramo final del Dakar 2026 desde un lugar poco habitual para él: sin opciones reales en la general, pero todavía con motivos para apretar los dientes. La etapa 11, antepenúltima del rally, fue un ejemplo claro de ese nuevo escenario. Una especial rápida, con piedra y polvo, en la que el madrileño cumplió y logró ser 3º, sin asumir riesgos innecesarios, mientras empieza a mirar el Dakar desde una perspectiva más colectiva.
"Especial muy, muy rápida, con una zona de piedras bastante larga. Nos lo tomamos con calma ahí y no tuvimos problemas", resumió Sainz a los medios, donde estaba Motorsport.com. Salió con la intención de pelear por la victoria parcial, aprovechando su buena posición de salida, pero pronto entendió que el margen era limitado. "En las piedras me lo he tomado con más calma y cuando me ha cogido Mattias Ekström ya he seguido su ritmo", explicó.
Sin el lastre emocional de la etapa 10 —donde un waypoint imposible y una sanción enterraron sus opciones—, Sainz asume ahora el Dakar como lo que es: una carrera que hay que acabar bien, incluso cuando el premio gordo ya no está en juego. "El objetivo es acabar el rally y mañana intentar hacer una buena etapa, aunque salimos terceros y sufriremos un poco", apuntó, con la vista puesta en una jornada decisiva antes de la corta especial final.
Pero más allá de su propio resultado, el foco empieza a desplazarse hacia su equipo, Ford Racing. Con Nani Roma segundo en la general, a poco más de ocho minutos de Nasser Al-Attiyah, la marca del óvalo azul mantiene vivas sus opciones de victoria… y ahí entra el juego de equipo.
Sainz no esquivó la pregunta sobre una posible ayuda entre pilotos. "Lo que podemos hacer es cubrirle", explicó con naturalidad. "Mitch hoy le ha esperado y mañana saldrá detrás de él, así que Nani estará protegido. Él tratará de atacar al máximo para acercarse a Nasser". Sin órdenes explícitas, pero con una estrategia clara: minimizar riesgos y facilitar que Roma pueda jugar su carta.
A nivel personal, la motivación sigue ahí, aunque con matices. "Estoy contento con el ritmo que hemos llevado", afirmó. "Cuando piensas en los 15 minutos más la media hora que perdí ayer… ahí está el Dakar. No hay más historia". Palabras sin dramatismo, propias de alguien que ha vivido todos los escenarios posibles en el desierto.
Sainz también se queda con una lectura positiva de este Dakar: la competitividad del Ford Raptor T1+ y el nivel del equipo. "El coche va bien, es competitivo, el equipo está a buen nivel. Me quedo con eso y con que Nani esté luchando por ganar", destacó, subrayando el trabajo colectivo de ingenieros, mecánicos y pilotos.
Veterano y pragmático, el madrileño no esconde que le habría gustado pelear hasta el último día. Pero tampoco necesita vender épica. Ahora toca terminar el trabajo, empujar desde donde se pueda… y demostrar que, incluso sin opciones, Carlos Sainz sigue compitiendo como si las tuviera.