Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que Carlos Sainz tuvo que mirar atrás para dar un paso adelante. Salir de Ferrari no era el plan. Volver a la zona media, mucho menos. Pero la Fórmula 1 no siempre premia la lógica… y 2025 acabó demostrando que el madrileño es uno de los mejores pilotos de la parrilla.
Hoy, con la temporada ya en el retrovisor, el año de Sainz en Williams se mira con otros ojos. No como una transición, sino como una declaración de intenciones. Dos podios, un tercero "y medio" si se cuenta el Sprint de Austin, y un quinto puesto en el Mundial de Constructores que devolvió a Williams a una posición que parecía olvidada. Resultados, sí. Pero también algo más difícil de cuantificar.
Porque cuando Jacques Villeneuve habla de "transformación", no se refiere solo a puntos y trofeos. El canadiense, campeón del mundo en 1997, no se muestra sorprendido por lo ocurrido en Grove. Todo lo contrario. "Carlos Sainz, básicamente, ha transformado a Williams", afirma con naturalidad. Como si fuese una consecuencia lógica. Como si ya lo hubiera visto antes.
Y es que el patrón se repite. McLaren, Ferrari… ahora Williams. La llegada de Sainz suele ir acompañada de una sacudida interna: exigencia, método, cultura de trabajo. Ese famoso "efecto Sainz" del que ya habla el paddock. El piloto que no solo pilota, sino que empuja, pregunta, se implica. El que llega pronto, incluso antes que los ingenieros, como contó en su día James Vowles. Detalles que no salen en la clasificación, pero que cambian equipos.
Villeneuve lo resume sin rodeos. Williams dio un paso adelante porque el coche evolucionó, sí, pero también porque tomó las decisiones correctas. Y Sainz estaba en el centro de ellas. No fue una sorpresa. Fue exactamente por eso por lo que lo ficharon.
El inicio no fue sencillo. Adaptarse a un coche nuevo, a una estructura que Alex Albon conocía de memoria, tuvo su peaje. Durante las primeras carreras, el tailandés capitalizó mejor las oportunidades. Pero Bakú marcó un punto de inflexión. A partir de ahí, Sainz creció. En resultados, en sensaciones, en liderazgo. Hasta cerrar el año como uno de los pilotos más en forma de toda la parrilla.
Visto con perspectiva, incluso el propio Sainz lo ha reconocido: si hubiera sabido entonces lo que vendría después, habría firmado con Williams todavía más rápido. Y no es una frase hecha. Es la constatación de que aquel "paso atrás" escondía un trampolín.
Ahora, con 2026 en el horizonte y un cambio de reglamento que puede agitarlo todo, el contexto vuelve a ser interesante. Williams contará con motor Mercedes en una era donde la unidad de potencia volverá a ser clave. Nadie se atreve a prometer nada, pero el terreno está preparado. Y Sainz, una vez más, aparece en el lugar exacto donde empiezan a pasar cosas.
No todos los pilotos transforman equipos. Algunos simplemente los conducen. Otros, como Carlos Sainz, los cambian desde dentro. Y eso, incluso para un campeón del mundo como Villeneuve, no es casualidad.