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Williams renueva su ADN: Vowles al mando logra el cambio en 3 años

Motorsport

A finales de 2022, Williams era el farolillo rojo de la Fórmula 1, última en el Mundial con apenas ocho puntos y con un gran desfase respecto a todos los demás equipos de media tabla. Era la imagen de una realidad histórica que ya no estaba a la altura de su nombre, obligada a arrastrarse tras años de retrasos estructurales, recursos limitados y competitividad reducida a episodios aislados.

Tres años después, a finales de 2025 y en el mismo ciclo reglamentario, ese mismo equipo cerró quinto en el Mundial de Constructores con 137 puntos, dos podios firmados por Carlos Sainz (a los que se suma el tercer puesto en la Sprint de Austin) y un margen considerable sobre sus rivales directos, llegando incluso a superar a equipos con medios e infraestructuras superiores. Una remontada que tuvo el auténtico sabor de un renacimiento.

Y una de las figuras centrales de este renacimiento ha sido James Vowles. Han pasado exactamente tres años desde que, el 13 de enero de 2023, el equipo de Grove anunció su llegada como Team Principal, dando inicio a una transformación profunda que ha devuelto a Williams a cumbres que habían estado ausentes durante demasiado tiempo.

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Vowles llegaba desde Mercedes con un bagaje de conocimientos sumamente valioso para un equipo por reconstruir. Sabía cómo funciona un equipo puntero desde dentro, conocía procesos, estructuras, responsabilidades y, sobre todo, comprendió en tiempos muy rápidos qué le faltaba a Williams para volver a ser competitiva. No bastaba con cambiar la cara al mando: hacía falta cambiar la forma de pensar, de trabajar y de organizarse.

Para entender la magnitud del cambio, basta recordar cuáles fueron los primeros pasos, como dotar al equipo de sistemas ERP para gestionar las piezas en fábrica. Hasta 2024, Williams todavía gestionaba sus monoplazas —un total de veinte mil componentes— a través de una enorme hoja de Excel. Un sistema que dificultaba al personal llevar el control de todo: desde materiales y recambios hasta ciclos de vida de las piezas y prioridades de producción.

Esta fue una de las primeras áreas en las que Vowles intervino, adoptando sistemas modernos como ERP, MRP y PLM, herramientas que permiten saber en todo momento qué piezas están disponibles, dónde se encuentran, qué materiales se han utilizado y cómo encajan en el ciclo de vida del coche. Y es precisamente aquí donde nace uno de los frentes más importantes liderados por Vowles: la batalla por ampliar el CapEx, ese presupuesto extra que los equipos pueden utilizar fuera del cost cap para mejorar sus instalaciones y reducir las brechas infraestructurales acumuladas durante años.

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Sin un aumento del CapEx, Williams nunca habría podido reducir la brecha infraestructural acumulada durante años. Por ejemplo, ahora también cuenta con un nuevo simulador, aspecto fundamental para un equipo que debe renovarse, y no es casualidad que, en los últimos años, varias escuderías hayan decidido invertir en este frente, entre ellas Alpine, que contaba con una unidad de al menos 20 años de antigüedad.

La batalla de Vowles ha sido determinante, porque el nuevo sistema por tramos introducido por la FIA asigna más recursos a los equipos más pequeños y con infraestructuras menos desarrolladas. En otras palabras, quien va más rezagado tiene más margen para invertir. Williams encajaba perfectamente en esta categoría, y Vowles supo aprovechar esta oportunidad, transformando una limitación en una ventaja reglamentaria en la era del budget cap.

Paralelamente a la modernización tecnológica, Vowles trabajó en las personas. Amplió el equipo, trajo ingenieros de alto perfil a áreas clave donde faltaban liderazgo y competencias, y reconstruyó un ambiente en el que los técnicos volvían a sentirse parte de un proyecto creíble. Williams, aunque todavía se encuentra en las primeras fases del camino que quiere recorrer para volver a lo más alto, se ha convertido así en una alternativa concreta.

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Este cambio de percepción ha sido una de las señales más fuertes del renacimiento, hasta el punto de convencer a Carlos Sainz, la pieza más codiciada del mercado 2024, de elegir la escudería de Grove para su futuro. La PU Mercedes tuvo su peso, claro, pero no basta para explicar la decisión, porque en la elección de Sainz —que tenía varias alternativas, incluida Audi— optó por el equipo que creía podía darle resultados más convincentes a corto y medio plazo.

Y, a la espera de ver qué depara 2026, 2025 ya ha demostrado que la elección de Sainz fue correcta. Un paso que hace apenas tres años habría sido impensable, pero que cuenta con claridad la calidad del trabajo llevado a cabo por Vowles para transformar a Williams en una alternativa creíble y en un proyecto tangible. Puede parecer secundario, pero la llegada de un patrocinador principal dispuesto a invertir, aunque también vinculado al boom de la F1, lo confirma.

En 2025 llegaron dos podios con Sainz, uno de ellos en un fin de semana en el que nadie lo habría pronosticado, y un margen claro sobre los otros equipos de media tabla. Williams, a menudo, fue la realidad más competitiva del midfield. Ya no era un equipo que esperaba circunstancias favorables: era un equipo que comenzaba a construir sus propias oportunidades.

Tres años después, la verdadera aportación de Vowles no está solo en los resultados, sino en la identidad recuperada. Williams tiene un proyecto técnico claro y una estructura más moderna que forman parte de un crecimiento visible. No ha sido una simple evolución: ha sido una refundación que ha tocado aspectos del equipo que habían permanecido inalterados durante aproximadamente veinte años.

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